lunes, 10 de octubre de 2016

Cuadernos de colores, antología del Seminario de Creación Literaria





Daba el año 2014 y Cetys Universidad, donde hacía años había impartido clases como maestro de asignatura, me pidió trabajar con ellos pero ahora como titular de un taller de creación literaria. ¿Taller?, pregunté yo. ¿Por qué mejor no un seminario?, sí, un seminario donde no sólo se hable de literatura, sino de series de televisión, de música, de cine y, sobre todo, de los libros que nos faltan por leer y de los cuentos que nos gustaría escribir.

La maestra Yvonne Arballo no dudó en aceptar la propuesta, como tampoco dudó, luego de un par de meses, trabajar ella misma sus propios textos a mi lado y al lado también de otros alumnos que poco a poco se fueron uniendo al seminario, como se fueron uniendo también uno que otro profesor y egresado. La idea original era que los estudiantes de una universidad técnica y superior, con estudios en ingeniería, psicología, derecho y negocios se fueran relacionando con el quehacer literario y el proceso creativo de un texto, sus formas de empezarlo y estructurarlo, para después conocer las herramientas importantes que nos ayudan a pulirle, como diría el viejo Quiroga, los ripios, o bien, como lo aconsejaría Hemingway, a escribir con la goma.

Luego de un semestre nacieron, gracias al empeño y vocación de las estudiantes, en su mayoría mujeres, una serie de cuentos, luego vinieron más y más cuentos y, al contrario de “Casa tomada”, nosotros decidimos no salir del aula y meter todos esos cuentos en el Cuaderno amarillo, un trabajo editorial que reúne alrededor de 10 piezas narrativas escritas por preparatorianos, universitarios, egresados, profesores y maestrantes.

La idea era que ese ejemplar debiera tuviera las cualidades suficientes para que un experto en literatura se le antojara leerlo por gusto, pero también para que un estudiante de derecho o psicología o mercadotecnia se acercara a él atraído por su concepto editorial, sus ilustraciones y contenido narrativo. Para ello recurrimos al formato de cuaderno de viaje  y el resultado fue el siguiente:




Y bueno, el trabajo no termina. El día de hoy, en medio de un montonal de pendientes (como la invitación de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para que participe dentro del marco #ochenteros, proyecto del que hablaré posts más adelante, y la invitación de la revista Punto de Partida, que me encargó un dossier de narrativa, también del que hablaré posts más adelante, y la organización de la siguiente Feria del Libro de Tijuana y el futuro medio maratón que correré el 30 de octubre en Los Ángeles, proyecto también del que hablaré en otro post), estamos trabajando en el Cuaderno azul, es decir, el segundo tomo de una colección editorial que nos aventuramos a llamar Cuadernos de colores, cuyo objetivo es publicar cerca de unos cinco cuadernos.   
En esta nueva antología se incluirá el cuento que ganó el concurso Francisco Cabrera Tapia convocado por dicha universidad, otro proyecto que iniciamos este año, y las tres menciones honoríficas; así como, sobra decir, los cuentos de mis alumnos escritos en el seminario. El libro contará con las ilustraciones de la tapatía Ana Jiménez, quien en su haber ha ilustrado el pabellón infantil de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, alrededor de 10 cuentos largos y mi prólogo.
Como es una publicación universitaria, el ejemplar sólo se consigue en Tijuana, Ensenada y Mexicali. Sin embargo, al salir el siguiente, tengo la ocurrencia de rifar 10 ejemplares en mi página de autor: @escritorjoelflores. Las especificaciones saldrán en enero y también las compartiré por aquí. Por mientras, les mando un abrazo.      
             


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