miércoles, 15 de abril de 2015

Primer encuentro del FONCA en Oaxaca




Aunque prometí pequeñas crónicas cada que hubiera oportunidad, los horarios que nos puso el FONCA para participar en las interdisciplinarias y trabajar nuestros proyectos con los tutores no me dio espacio, ni el tiempo. Sin embargo, en esta entrada dejaré una serie de fotos de los pocos sucesos que logré capturar en mi estadía en Oaxaca.

Centro de las Artes de San Agustín

Del viaje me traje buenas cosas. Lo primero es que conocí, por fin, a uno de los narradores que más he leído estos últimos cuatro años, me refiero a Eduardo Antonio Parra, quien es el tutor del proyecto de novela que estoy escribiendo. En una entrada anterior había escrito que sería Álvaro Enrigue, no obstante, por cuestiones ajenas a los becarios, se nos cambió. Otra de las cosas que me traje fue haber conocido a colegas escritores de novela, poesía y ensayo. Atesoro las conversaciones con Alfredo Núñez en el camión rumbo al hotel y en la última cena del encuentro; también guardo con entusiasmo la pequeña charla literaria que tuve con Orfa Alarcón, quien es autora de Perra brava, una de las novelas que leí y disfruté mucho hace un par de años durante mi estadía en Distrito Federal; otra persona que me gustó conocer es a la regia Isadora Montelongo, que el año pasado entrevisté para mi proyecto Poéticas de los ochenta, a propósito de su novela Las chicas sólo quieren plástico. "Isadora, yo también creo que los signos zodiacales determinan nuestro carácter". En el rubro de poesía disfruté mis pláticas con René Morales, así como las compras de mezcal y quesillo que hicimos en el mercado de Oaxaca el último día del encuentro. A René ya lo había conocido en Tuxtla Gutiérrez en octubre del 2014, pero en esta ocasión hicimos a un lado las cervezas y nos pusimos el mandil de esposos responsables para comprar obsequios para la familia. En el rubro de ensayo conviví más de cerca con Sergio Téllez-Pon, un anciano renegado que habita un cuerpo de quinceañero, con el que compartí habitación y acepté de buena manera sus enojos cada que llegué a tomar alguna de sus pertenencias por accidente o le bromeé conque deberíamos hacer fiesta en la habitación.

Interdisciplinarias

Trabajamos los proyectos y asistimos a las interdisciplinarias en Etla, donde está la Casa de las Artes de San Agustín y, dicen, veranea Francisco Toledo. Las interdisciplinarias son las presentaciones que hace cada becario de su proyecto, junto a sus compañeros de disciplina y tutor. Muchos de los trabajos presentados en esa dinámica me parecieron atractivos, sobre todo los que mostraron los artistas de medios alternativos y el que presentó René Morales, que lleva por nombre Texas, I love you: “un libro de poemas que construirá un discurso poético a partir de la traducción libre de las últimas palabras dichas por 79 hispanoamericanos ejecutados por el Estado tejano entre 1975 y 2014”. En la sesiones de trabajo, leímos los primeros capítulos de las novelas de los seis becarios en turno, a mí me tocó casi al final. Ahora en casa me hallo limando el trabajo gracias a las críticas y sugerencias de mis compañeros.

René Morales
Sé que muchos escritores en estos momentos están postulando o armando su proyecto para ser seleccionados en la próxima promoción del FONCA, que corresponde al 2015-2016. Algunos conocidos y desconocidos me han escrito por correo electrónico y me han preguntado por redes sociales cómo he hecho para obtener esta beca dos veces. Aunque en mis respuestas suelo ser concreto o los redirecciono a la publicación en esta página que ofrece algunas recomendaciones sobre cómo armar un proyecto creativo, la sugerencia general que puedo dar aquí es que armen el proyecto de la forma más honesta posible hacia su quehacer como escritores, y que apuesten, más que por lo académico y cerebral, por lo creativo y literario. No piensen en que la beca está amafiada o que su trabajo es débil; para su proyecto les recomiendo desbordar sus ganas de escribir, sus ganas de crear un libro; escarben, como decía Rilke, en su yo interior y hallen la respuesta que exprese --de la forma más honesta y clara-- por qué merecen esa beca y por qué el libro que proponen merece ser escrito. Si no les dan la beca, no pasa nada; al menos ya armaron la estructura para escribir un libro y eso es valioso. Asimismo, les recomiendo que añadan una poderosa muestra literaria. La muestra vale más que las promesas de un proyecto y muchos tutores se van directamente a la muestra y al final al proyecto. En fin, si el tiempo lo permite, espero escribir una publicación más detallada sobre cómo postular al FONCA, pues es un tema que me apasiona.

Les dejo, pues, unas pocas fotos del primer encuentro, todas son de Etla.


Instaladores de nubes


Al otro lado del ruido

En el patio de las nubes de Etla

Las raíces del árbol del CASA

A unos metros de los espejos de agua 

Cementerio de telares

Rumbo a los baños secos

El jardín de Toledo

El jardín de Toledo 2

Granos de CASA

Luces amarillas



  

   

jueves, 9 de abril de 2015

Desde el DF, primer encuentro del FONCA






Después de ocho años de la primera vez que tuve el Fondo Nacional para la Cultura las Artes (FONCA), volveré a participar en uno de los encuentros que organiza CONACULTA para que los becarios, junto a un asesor, trabajen sus proyectos de libro en tres periodos. En el 2006-2007 me tocó sesionar –como ya otras veces lo he comentado– con David Ojeda y junto a un grupo de escritores conformado por Édgar Adrián Mora Bautiza (a quien bautizamos como el decano por la sabiduría que desbordaba en las horas de trabajo), Carlos Dzul, Glafira Rocha, Gabriel Vázquez y Alfredo Carrasco Teja. Con ellos aprendí y forjé una amistad pura: a la fecha Édgar y yo nos hemos bautizado con un sobrenombre que encierra nuestra camarería y él  sigue siendo uno de los lectores más críticos y prepositivos de lo que escribo; Alfredo me invitó a su boda hace un par de años en Distrito Federal, pero no fui porque entonces acababa de mudarme a Tijuana; Carlos me ha mandado sus libros inéditos de cuento para ofrecerle mi humilde opinión, Gabriel me acaba de mandar su más reciente novela que tengo muchas ganas de leer; y David Ojeda se ha convertido en uno de los maestros más entrañables para mí.

Debo confesar que volver a uno de los encuentros que organiza el FONCA me emociona porque, por un lado, me hace recordar aquel grupo de cuentistas y, por el otro, porque la ciudad de reunión será Oaxaca, un sitio que visité justo el mismo año que fui becario y justo el mismo año que decidí, con sus altas y sus bajas, ser escritor profesional, es decir, dedicarme de lleno al oficio. Ante esto me gusta pensar que el tiempo y las actividades se han sincronizado para que de alguna manera yo vuelva a esa ciudad tal cual como la visité, pero ahora como escritor de novelas, y acompañado por otros compañeros y otro asesor, personas que también admiro pero no conozco en persona.

Estaré en Oaxaca (escribir estar es algo impreciso, pues el programa de actividades del FONCA sólo cuenta con recesos para las comidas y leves descansos) del jueves 9 al domingo 12 de abril. Luego me vuelvo al Distrito y por fin a Tijuana, mi casa. El programa dicta que nos hospedaremos en el Hotel Victoria, que está a 45 kilómetros del centro histórico de la ciudad y que trabajaremos en el Centro de las Artes de San Agustín (CASA). Hay más lugares en los que comeremos y haremos, supongo, amistad con los becarios de otras disciplinas, pero ellos los iré añadiendo a mi tira de fotografías y a una publicación más en forma, que escribiré durante el receso o las noches de descanso, tal como lo escribo ahora.

Debo confesar que este objetivo no es para nada original, es decir no nace en mí. El año que conviví con aquellos becarios de cuento, recuerdo que luego de cada comida o receso, Édgar Adrián, en lugar de beberse una buena cerveza o acompañar con una cigarrito a sus condiscípulos, prefería huir al salón de negocios del hotel o al centro de cómputo de donde nos encontrábamos para escribir unas crónicas pequeñas de lo que pasaba en el FONCA, todas desde el abordaje de la bitácora. Algunas veces yo llegaba a interrumpirlo burdamente, pidiéndole la llave de la habitación, pues los encargados de la logística nos habían puesto como roomies en los tres encuentros. Espero estar a la altura de aquel cronista de los becarios de aquel año y registrar aquí lo que vaya a suceder.

Por lo pronto, escribo esto a las 3:48 de la madrugada, hora Tijuana y 5:48, hora Distrito Federal. No puedo dormir y mejor me bajé a la cafetería del hotel Riazor, porque mi compañero, mi nuevo roommate (un escritor de ensayo con el que hablé y escuché de agujeros negros, ciencia ficción y algunos autores que me eran desconocidos) está durmiendo y me parece una grosería encender la luz de la computadora y teclear esto frente a él. Espero que no se haya molestado porque me desperté a buscar entre la oscuridad mi maleta y mi computadora.

Mi autobús sale dentro de dos horas.

Seguiremos informando.

Buenos días a todos.    

      

miércoles, 1 de abril de 2015

Premio Nacional de Cuento Amparo Dávila





Esta entrada la había tenido en mis borradores desde hace un mes y olvidé publicarla. Espero no sea tarde y sirva a todos aquellos narradores del género fantástico interesados en participar en el Premio Nacional de Cuento Amparo Dávila. El 27 de febrero autoridades culturales de Zacatecas, junto con el INBA, lanzaron la convocatoria y ya tiene un bien tiempo en línea. Las bases están orientadas a escritores de cualquier entidad del país, que no tengan más de un libro de cuentos publicado. Los concursantes pueden participar, a través de laplataforma digital que los organizadores han montado, con tres cuentos de su autoría. El deadline es el 22 de mayo y el premio al ganador es la cantidad de cien mil pesos mexicanos. Lo interesante de este certamen es que entre los jurados estará la misma Amparo leyendo los trabajos. Algo que honra a cualquier escritor joven o con trayectoria a la hora de participar.  

Aún recuerdo que, hace 8 años para ser justos, mi primer proyecto como cuentista buscaba homenajear el imaginario de esta escritora. Incluso ese proyecto fue patrocinado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, bajo la tutela de David Ojeda, para que yo pudiera escribirlo durante un año. El proyecto se convirtió en El amor nos dio cocodrilos y una suerte de aprendizaje del cuento.

Amparo Dávila es una mujer cuya obra ha dejado un gran antecedente dentro del estudio del género fantástico, perteneciente a la Generación de Medio Siglo, para críticos como José Miguel Sardiñas da una vuelta de tuerca al estudio y etiqueta del género fantástico. Sus cuentos “El huésped” o “Alta cocina”, por nombrar unos cuantos, auguran el género de la ambigüedad, donde ciertos elementos sobrenaturales o terratólogicos diseminados dentro del cuento mismo se pueden leer como símbolos que se disparan a una infinidad de interpretaciones, que levantan la incertidumbre del lector y potencian la riqueza de la trama, así como los finales abiertos.

Les dejo aquí el link para que revisen la convocatoria y se animen. Ojalá está iniciativa ayude a que la obra de Amparo Dávila tenga más lectores y que lleguen a ella los que apenas tienen contacto con la literatura y por falta de conocimiento leen las novedades literarias que se venden en combo de comida chatarra, literatura light y refresco en los supermercados.

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