viernes, 21 de noviembre de 2014

Primera sesión del Taller de creación literaria





El sábado 15 de noviembre iniciamos el Taller de creación literaria en Instituto Altazor. Fueron muchas las personas que se inscribieron, pero pocas las que llegaron, me dicen que por el cambio de horario que hicimos. Aún así son un número suficiente para trabajar con objetivos claros y precisos, que son escribir una serie de relatos que, según su calidad, nos ayudarán a crear posibles proyectos de libros individuales. 

En esta sesión me sentí, como puede verse en la foto, bendito entre las mujeres, todas con un capital literario amplio y con hartas ganas de escribir. Prometo dar más noticias del taller pronto. Por ahora, le dejo el recordatorio: si alguien aún quiere ingresar, consulten a Educación Continua deI Instituto Altazor. Me dicen que están regalando mi libro Rojo semidesierto, a cambio del pago por la inscripción. 


martes, 11 de noviembre de 2014

Taller de creación literaria en Instituto Altazor



Taller de creación literaria

[Presentación del taller]
El relato es uno de los géneros literarios más versátiles y, al igual que el poema, exige menor aliento narrativo, pero mayor concreción y sugerencia. Su forma es el molde casi perfecto cuando buscamos escribir los fragmentos importantes de una vida. En el cuento sólo cabe el destello de luz de la historia, como decía Chejov, según Ricardo Piglia; y la experiencia misma de la vida, a palabras de Hemingway. Por ello este taller está orientado a todos aquéllos que busquen expresar, a través de las técnicas propias del relato, igual a cuento, sus historias personales, imaginarias o ajenas.

[Trabajaremos bajo tres líneas de acción]

  • Que los participantes conozcan la teoría básica de la construcción del relato: lo que dicen los autores representativos sobre este género; y qué recursos lo componen o lo hacen.
  • Que el conocimiento de los participantes sobre el relato, el que han adquirido dentro y fuera del taller, ayude al diálogo constructivo basado en la crítica a la hora de leer los textos escritos por narradores representativos, pero sobre todo por los compañeros. De esta forma, no sólo las piezas narrativas se escribirán durante el taller, sino también bajo una mirada crítica y colectiva.
  • Que los participantes escriban de manera individual de uno a dos relatos aceptables durante lo que dura el taller. Esos materiales deberán quedar listos para su publicación en revistas de circulación estatal o nacional o para su participación en concursos literarios.

[¿Quiénes pueden inscribirse?]
El curso está dirigido a todo aquel que busque aprender a escribir relatos, cuya edad no sea menor a 16 años ni mayor a 40. Los participantes también pueden ingresar con textos ya escritos en otras ocasiones. Ellos serán su material de muestra en las sesiones de trabajo.

[Fechas de trabajo]
El taller se impartirá durante el mes de noviembre y diciembre, serán 4 sesiones divididas en los días sábado 15, 22, 29 de noviembre y 6 de diciembre. Cada sesión durará 5 horas, y en ellas se hablará sobre aspectos del relato y se leerán los cuentos que los participantes lleven consigo.
Los horarios son los siguientes: sábados de 9 am a 2 pm. Las horas cubiertas en el curso serán 20. Las sesiones serán en Instituto Altazor.


[Material y formas de trabajo]
Los textos que se leerán en cada sesión, respecto al relato, estarán en formato digital y serán proporcionados por mí. Los relatos escritos por los participantes serán enviados a los compañeros y a mí por correo electrónico, uno o dos días con anticipación. En la sesión se dialogará sobre los relatos previamente leídos, con miras a mejorarlos, gracias a la crítica constructiva.

[Temas de trabajo]
Charla preliminar: 
1.- Las insoportables ganas de publicar en un país donde hay más libros de los que se leen.
1.1.- No es complicado escribir un libro, lo complicado es escribir literatura.
2.-El oficio desprestigiado: ¿cómo escribir en un país neoliberal que fomenta las competencias?
2.1.1.- Ser escritor sin pagar porque te publiquen
2.1.1.1.- Los fondos estatales y nacionales para la cultura y las artes.
2.1.1.1.1.- Los 101 premios literarios en México
3.- ¿De verdad quieres escribir un libro?, entonces hablemos de un plan de vida


·           ¿Qué es el relato?
·           ¿Qué, cómo y por qué contarlo?
·           ¿Cómo iniciarlo?
·           ¿Cómo crear o fortalecer la intriga?
·           ¿Cómo encontrar el clímax?
·           Los personajes y su dimensión
·           Los diálogos y la conversación
·           Final cerrado, final abierto
·           La ambigüedad como símbolo de desconcierto



[Constancia de participación]
Instituto Altazor entregará, al finalizar el taller, una constancia a cada escritor por su participación.

[Semblanza del tallerista]

Joel Flores nace en Zacatecas en 1984. Ha residido en México DF y España. Ha colaborado en las revistas Siempre, Tierra Adentro y Carátula; en los periódicos La Jornada de México y El informador de Nicaragua. Como reconocimiento a su labor literaria ha sido galardonado por las becas Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en 2007 y 2014, en la categoría Jóvenes Creadores, cuento y novela. Y en el 2008 disfrutó un año de residencia en España, patrocinada por la Fundación Antonio Gala. Es autor de los libros El amor nos dio cocodrilos (Madrid, VozEd Editorial, 2013) y Rojo semidesierto (Estado de México, FOEM, 2013), obra galardonada con el Certamen Internacional Sor Juan Inés de la Cruz. En 2014 fue reconocido con el Premio Juan Rulfo para Primera Novela, convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes. Actualmente vive en Tijuana y escribe su segunda novela y para su página web: www.bunker84.com.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Las manzanas envenenadas


El nuevo número de La gualdra, que es el 173, lo han vuelto a dedicar a los normalistas desaparecidos. Mi grano de arena es este texto, que habla sobre las manzanas envenenadas que usa el presidente de México cada que da un discurso o rueda de prensa.  


Una de las grandes enseñanzas que nos dejaron los griegos sobre la teoría de la comunicación es el andamiaje del discurso, como una herramienta propicia para persuadir, acaparar y convencer a un auditorio. El discurso ha sido desde hace siglos y décadas el instrumento más utilizado por los demagogos, pedagogos y políticos para acercarse y arengar a su público, para convencerlo de que todo lo que sale de su boca es una verdad absoluta, cargada de empatía y bondad, pero sobre todo inteligencia. Los discursos siempre han sido la voz del convencimiento que une grupos ante adversidades (Martin Luther King), que dan esperanza ante la afanosa muerte (Steve Jobs) y que despiertan consciencias aunque nuestro sistema de creencias se esté derrumbando (Salvador Allende y Luis Donaldo Colosio).
Los discursos de Enrique Peña Nieto destacan hoy en día porque caen en errores farragosos, ya sea porque confunde capitales con estados, apellidos con nombres, olvida títulos de libros; porque sufre de una memoria empobrecida o carece de la cultura general que un encargado del poder ejecutivo de la República Mexicana debe tener para representar una nación. El historial de sus errores nos ha repetido un sinfín de ocasiones que no nos representa un presidente a la altura de los conflictos del país.
Pero no es de la dislexia o mala memoria del presidente de lo que quiero escribir.

Escribo porque el pasado 30 de octubre, entre clases y otras tareas, pude escuchar en partes la entrevista que los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de la normal rural de Ayotzinapa dieron a una cadena de noticias, día después que estuvieron reunidos durante 5 horas con Enrique Peña Nieto y su equipo de trabajo. En el inicio la periodista decidió poner, antes de las impresiones de los familiares, el discurso que dio Peña Nieto luego de haber escuchado el dolor de los padres a los medios de comunicación. Su voz estaba salpicada por esa retórica mecánica, donde reinan las palabras pacto, petición, promesa, apoyo, responsabilidad, tarea, coordinación, justicia, impunidad. Y su mensaje, en suma, era muy claro: estoy trabajando para encontrar a los desaparecidos y me comprometo con los agraviados a hacer justicia, tope hasta donde tope la investigación.
Sin embargo, es una muestra más de la demagogia trillada, repetitiva y hasta aprendida de memoria que suelen usar los poderes que representan a los mexicanos: las palabras han dejado de significar lo que de verdad significan. Ahora justicia en México significa ayuda tardía, impunidad. Ahora compromiso en México significa te ignoro, no me importa tu dolor. Ahora militares, policías y federales significan crimen organizado. Senadores, diputados, alcaldes y regidores significan evasión de impuestos e impunidad. Oportunidades de empleo, narcotráfico. Estudiantes, guerrilleros, narcos y sicarios. Derechos humanos, violaciones, prostitución y fosas clandestinas. Ahora dolor en México significa más de 40 mil muertes y desaparecidos no sólo en este sexenio, sino desde el calderonato. Un crimen de estado que los medios de comunicación han disfrazado, también, con otras palabras: daños colaterales; tejido social corrompido.
Si desde niños nos enseñaron que debemos respetar el lenguaje, aprender el verdadero valor de las palabras, porque la palabra, esas piezas que suelen armar los discursos, es lo que hace valer a los hombres, ¿cómo debemos asimilar, entonces, el vocabulario que usan los poderes que deben resguardar nuestra seguridad en México? ¿Cómo comprender las palabras de Enrique Peña Nieto? ¿Tenemos que aprender su código y comunicarnos como ellos?

Las palabras de los familiares de los 43 desaparecidos, en cambio, nos han dejado algo en claro: los discursos políticos ya no persuaden, ya no remueven conciencias, ya no plantean verdaderas soluciones, ya no ganan la empatía de los auditorios, ya no insuflan emociones, ya no iluminan la esperanza. Los discursos políticos mexicanos son kilos de manzanas envenenadas: digo que te estoy ayudando, pero en verdad te estoy jodiendo. Y si me contradices, te mandamos a la fosa. 

Para seguir leyendo más textos de este número dar clic aquí.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Premio Juan Rulfo para Primera Novela, INBA



El primero de noviembre recibí el Premio Juan Rulfo para Primera Novela, convocado por los institutos culturales de Puebla y Tlaxcala, y el Instituto Nacional de Bellas Artes, en el Museo de Arte. A continuación reproduzco el boletín oficial de mi página que se mandó a medios, y el texto que leí luego de recibir el reconocimiento. 



No es la primera vez que Tlaxcala y Juan Rulfo coinciden en mi vida. Cuando viví en España y escribía mi primera novela, me entraron las ganas de ambientarla en esta ciudad, aunque de ella conociera sólo lo que mi informante me ofrecía y el Internet. Se trataba de una novela sobre un sobreviviente del crimen organizado que le confesaba sus fechorías y traiciones a la patria a un escritor desde Chiautempan. La novela la dejé inconclusa porque el informante desapareció y no me sentí con ánimos de darle voz a alguien que había desgraciado la vida a otras personas. La literatura, al menos la que busco hacer, no se rinde al homenaje fácil de los sicarios ni arrepentidos, sino al verdadero dolor que iguala a las víctimas y a los verdugos, para dilucidar el camino de los que perdieron el rumbo y no regresaron a casa, de los que prometieron volver y no se les ha visto más; para así honrarlos con la palabra, con el recuerdo.

Juan Rulfo coincidió en mi vida de adolescente, cuando empecé a leer con fruición y cuando empecé a escribir de manera profesional, es decir, a ganarme la vida con la escritura. Entonces la obra de Rulfo era, es, el mejor manual para entender el lenguaje, las tradiciones y hasta el imaginario de México y sus creencias. Leer a Rulfo es leer a México. Su obra no es más que la repetición constante de un país que sangra, que nos duele, que se hunde en fosas y podredumbre, pero también la esperanza de un cielo claro que cobija la tierra roja y el maíz y la hierba. Por eso en 2013, cuando mi esposa mandó mi libro "Rojo semidesierto" a medir fuerzas al Certamen Internacional Sor Juan Inés de la Cruz, no dudó en firmar las carpetas con el seudónimo Julio Páramo Revueltas. Ella es mi pareja y representante: no sólo conoce mi vida, sino a las obras que admiro, que sigo, que me han formado como escritor y ser humano.

Hoy vengo a Tlaxcala porque me dijeron que gané el premio Juan Rulfo, porque me dijeron que mi libro "Nunca más su nombre" gustó a los jurados y a los organizadores de este certamen.

Hoy vengo a Tlaxcala a decirles que estoy muy agradecido y que desde esta tarde en adelante, mi literatura tendrá muy presente esta ciudad hecha de maíz y miel, hecha de todo aquello que me gustaría reunir en mis libros.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Somos Wikipedia


Hoy por la noche, mientras actualizaba mis cuentas de redes sociales y el bUNKER, Flor Cervantes se puso a crear una página de mi trayectoria como escritor en Wikipedia. Luego de un par de minutos de trabajo quedó esto: http://es.wikipedia.org/wiki/Joel_Flores.     



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