jueves, 11 de septiembre de 2014

Lo mejor de la poesía es la amistad de los poetas [entrevista a Fernando Trejo]



Uno de los objetivos que me propuse desde que empecé las entrevistas a escritores nacidos durante la década del ochenta era leer exclusivamente a narradores. Ese objetivo, sin embargo, desatendía uno de los géneros más valiosos de la literatura: la poesía. Pero sobre todo cómo y desde qué lugares la están creando los jóvenes escritores mexicanos. En esta entrevista enmiendo mi falta y extiendo aún más el abanico del proyecto para entrevistar al poeta Fernando Trejo, quien recientemente (junio de 2014) recibió la mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandido, gracias a su libro de poemas Solana, que está programado para publicarse en enero de 2015, en el Fondo Editorial Tierra Adentro (FETA).

Fernando Trejo nació en Chiapas en 1985, ha escrito alrededor de 6 libros de poesía de circulación nacional y de notable resonancia poética. Su poesía está permeada por una voz propia que se despega de cualquier influencia literaria modal, y sobre todo en boga dentro del panorama joven de México, que muchas veces privilegia el artificio y la pirotecnia. Trejo se centra en convertir a Chiapas y sus rincones en una mina abundante de tesoros visuales, sin caer en los regionalismos o la nostalgia por el terruño. Su poesía se ciñe a enunciar la amistad, el amor y la muerte, grandes temas que forjan al hombre y se proyectan en el arte, como el mejor vehículo para descubrirnos como seres humanos y comprendernos, en un Tuxtla que puede ser Sonora, Veracruz o Mulegé.

En esta entrevista, Fernando Trejo nos habla de su formación, cómo y por qué empezó a escribir poesía, los factores que hacen a Solana, la organización y propósitos de un gestor cultural, en su tarea como creador y estratega del “Carruaje de Pájaros”, encuentro internacional de poetas en Chiapas, así como la amistad entre poetas, como una de las mejores consecuencias del acto de crear poesía, compartirla y dialogarla.  

Joel Flores: Me gustaría que nos hablaras de tus dos mamás: la biológica y la poesía. ¿Cómo y por qué empezaste a escribir?

Fernando Trejo: Tengo la fortuna de haber nacido en un hogar muy unido, en un lugar en donde siempre hubo libros. Mi madre me acercó a ellos de manera involuntaria: comencé leyéndola a ella, a mi tía, mi abuelo. Poco a poco ese mundo creó en mí cierta conciencia de lo que significaban las palabras y lo que se podía decir con ellas. En la primaria dibujaba y escribía historietas que vendía con mis amigos. Era una suerte de libro de acertijos. Pero no fue sino hasta los 14 años que inicié una relación más personal con la literatura. Sobre todo con la poesía. No lo hice por convicción sino por necesidad. Me fue necesario, ante el orgullo, decir lo que no podía a viva voz. Así fue, de pronto, como empecé a escribir.

JF: En correos electrónicos anteriores, me escribías que para muchos poetas cambiarse al bando de la narrativa es un acto de alta traición en el oficio. Si eres poeta, debes seguir siendo poeta. ¿El género es una jaula para el escritor?

FT: No, para nada. Yo siempre he querido escribir narrativa. He hecho el intento. Pero voy a mencionar al autor de dicho comentario: René Morales, gran amigo, hermano al que admiro tanto, una tarde se enteró que yo escribía una novela. Ante todo, siempre nos hemos guardado respeto, pero sí enjuició al decir que cuando un poeta deja de escribir poesía para escribir narrativa, siente que todo está perdido y es como si a él le robaran algo que tanto ama. Yo no lo creo así. El escritor debe asumir una responsabilidad y esta responsabilidad recae en hacer bien las cosas que se quieran hacer. Si por más ese intento de narrar se queda por siempre en el cursor, más vale continuar y reforzar lo que se sepa hacer. En mi caso intenté escribir una novela, ahora, esa “novela”, es un extenso libro de poemas.

JF: “Solana significa sitio donde da el sol plenamente” (RAE, 2014), pero también es el título de tu poemario que recientemente ganó mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino. Si adelanto por menores de ramaje, escribiría: es la luz de un ser querido que se fugó sin explicación alguna. Es honrar a los muertos con la palabra. Es clavar sus recuerdos en los versos. ¿Cómo nació este libro?

FT: Con Solana intenté escribir una novela un tanto biográfica, pero terminó siendo, como te lo menciono, un libro de poemas. Quise reconocer y darle vida a ciertos personajes perdidos en mi adolescencia, sobre todo a Carlos, un primo al que amé como a un hermano. Solana nace a raíz de eso, de la necesidad, del querer afrontar la realidad como es, de saber que con este ejercicio, la poesía nos despliega una cantidad de emociones que no sabías que tenías guardadas. Pasamos, Carlos y yo, gran parte de nuestra vida en la azotea del edificio donde vivíamos, nuestros departamentos se conectaban por una terraza, por un pasillo o por la azotea. No había modo de que nuestros padres prohibieran nuestra rutina. Y ahí, justo en la azotea, construimos una casa a la que una tarde de junio el viento y la lluvia terminaron por destruir. Mi padre nos tomó una fotografía (caso único) que aún conservo. Fue así como después de dejar pasar el tiempo comencé a escribir Solana que puede significar también, a manera de sinónimo: azotea, y como bien mencionas: “sitio donde da el sol plenamente”. Es un libro que escribí sin intención alguna más que la de, a manera de homenaje, darle voz a Carlos. Celebré muchísimo la mención honorífica, porque a pesar de que el libro no haya resultado merecedor del premio sé que, quien lo lea, tendrá un poco de nosotros en su corazón.

JF: De un tiempo a la fecha, las nuevas generaciones de poetas se apuran más por descubrir el hilo negro en la poesía, que por entender la vida y compartirla en sus versos. Recurren a lo conceptual, al concretismo (queriendo ser novedosos y experimentales; ignorando que esas tendencias las exploraron hace más de un siglo las vanguardias surrealistas y dadaístas), y olvidan la verdadera esencia de la poesía: dejar el músculo del lenguaje a la intemperie; hacer que el corazón de la vida lata en las estrofas. ¿Cuál es o debería ser la verdadera función de la poesía?

FT: Estoy de acuerdo en la postura de los jóvenes. Cada quien es libre de intentar hacer lo que desee. Se es uno mismo, pues. Pero yo siempre me quedaré en lo tradicional, en lo romántico, en el fin último de la poesía, que para mí es hacer sentir una emoción, llegar al hilo conductor de la nostalgia, del grito, tocar la fibra del alma. Leo, por ejemplo, a Gonzalo Rojas y me vuelco a recordar y me sorprendo. Leo a Huidobro y estallo en emociones y arrojo el libro. No creo en el sincretismo, sí en lo conceptual cuando se tiene un sustento, un resultado válido. La función de la poesía es tocar, sentir que la palabra es algo sólido y que duele pero que también, y sobre todo, enerva, respira, te observa, tiene vida.

JF: Hagamos un experimento. Te daré una serie de palabras y tú te sirves de ellas para escribir:
México, Poesía, Madre, Literatura, Chiapas, Hijo, Amigos.

México: no era penal.
Poesía: llena eres de gracia.
Madre, de tu mano, todavía.
Literatura: una mirada al sur.
“Chiapas es en el cosmos lo que una flor al viento”. Enoch Cancino Casahonda.
Hijo, tu corazón me late ya en el pecho.
Amigos en contra de su voluntad, los amo.

F: Si la poesía es un género marginado, las editoriales se centran más en publicar narrativa, ¿qué significa escribir poesía desde Chiapas, una región alejada del sistema cultural centralista?

FT: Creo que de tan alejados que estamos que ni nos percatamos en eso. Existen muchas editoriales independientes, muchas maneras de publicar. No importa el medio, la editorial, la forma. Eso no importa. Una vez escuché que un escritor fotocopió una parte de un libro suyo para llevar de regalo a un encuentro de literatura, “el chiste es que te lean y ya no tengo libros”. Y coincido en eso. No estamos preocupados, creo yo, en publicar sino más bien en escribir, en crear y dar a conocer nuestro trabajo y eso nos abre un panorama amplísimo para conocernos a nosotros mismos y ofrecer un pedazo de pan.

JF: Desde el 2008 has organizado, como gestor cultural, el Carruaje de Pájaros, es decir, has llevado la poesía a Chiapas y has llevado Chiapas a los poetas. ¿Cuál es el objetivo de este encuentro literario?

FT: Vincularnos. No estar peleados. Leernos, dar a conocer lo que hacemos y estar al tanto de la propuesta de los que vienen. En Chiapas no se hacía un encuentro de tal envergadura, un escenario para jóvenes hecho por jóvenes. Hemos dado 7 pasos y hasta hoy me siento satisfecho con los resultados. Parte de la poesía y de la gestión y promoción cultural es eso: abrazarnos unos con otros celebrando a la maravillosa literatura. En Oaxaca, en el año 2000, tuve la fortuna de conocer a Juan Gelman y escucharlo decir, algo que he vuelto un lema para mí y que cada que puedo menciono: “lo mejor de la poesía es la amistad de los poetas”.




JF: Para muchos escritores es importante leer a sus contemporáneos; otros prefieren las voces del pasado para aprender de ellas, ¿sueles leer a escritores de tu generación?

FT: José Emilio Pacheco decía que habría que leer a nuestros contemporáneos, saber qué están escribiendo. Yo lo hago, me gusta hacerlo. Qué maravilla poder conocer al autor de una obra literaria y leerlo y reconocerlo y encontrarlo en su obra. Yo sugeriría que nos demos el tiempo de leernos, si no quién, entre nosotros. Es una forma de entablar un diálogo, de agradecerle a la vida estar vivos.

JF: ¿En qué proyecto te encuentras trabajando actualmente?

FT: Por ahora estoy trabajando en Secretaría de Educación, en el área de Cultura. Echamos a andar varios programas de literatura, cine, música, pintura, teatro guiñol en las escuelas. Retomamos el Viernes de escritores michoacanos y estamos por iniciar aquí el Viernes de escritores chiapanecos. Por ahora, desde hace algunas fechas soy editor de la revista Valores Chiapas y dirijo la revista de arte y cultura Arteria, nueva época. Me encuentro escribiendo un par de libros que no me dejan de convencer y que por ende los traigo aquí en la bolsa.


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