lunes, 3 de marzo de 2014

Soy novelista y aprendí a escribir leyendo [entrevista a Israel Terrón Holtzeimer]

Desde que inicié las entrevistas a narradores de Centro Occidente, Distrito Federal y periferia, nacidos todos en la década de los ochenta, me ha preocupado saber si en verdad se conocen y se están leyendo entre sí, como para crear un diálogo generacional entre sus afinidades y sus obras, así como ¿qué están escribiendo?, ¿qué editoriales los están publicando? y, sobre todo, ¿qué géneros los ocupan y cómo los definen? En esta ocasión entrevistamos a Israel Terrón Holtzeimer (Veracruz 1982), y dos preguntas se integraron a nuestra ruta: ¿cómo se están formando los escritores?, ¿y si los premios en realidad están acercando su obra a los lectores? Con Juan Gómez Bárcena hablamos un poco de ello, pero entre la literatura mexicana joven y la española hay un Océano Atlántico que nos divide y un país. 
De los escritores y su formación se sabe mucho y poco: que aprenden en talleres, maestrías en creación literaria o gracias a becas o residencias artísticas; que son autodidactas y no están interesados en escuelas o talleres y menos en becas; que son un poco de uno y de lo otro. Lo que es una verdad es que detrás de todo escritor hay una formación, una teoría, y eso basta para que hayan nacido en la historia de la literatura latinoamericana obras como Los detectives salvajes de Roberto Bolaño o El aleph de Jorge Luis Borges. La formación y preocupaciones de cada escritor se reflejan en sus obras, así como el entorno en el que escribe: ciudad, círculos de amistad y lectores. 
Israel Terrón Holtzeimer es uno de esos escritores que eligieron ser músicos y las bondades divinas lo llevaron a la literatura. Vocalista de un grupo de rock, compositor de canciones, fotógrafo profesional, durante cinco meses escribió una novela sobre qué pasaría si, como cada cien años en México, nos levantáramos en armas contra las disfuncionalidades del Estado. El resultado fue ganar el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras/Border of Words 2012 y su publicación en Tierra Adentro. La formación de Israel es meramente innata e intuitiva, incluso algo influida por un par de autores disímiles que él mismo nos los nombra más adelante. 
Con Artemisa café crea un grupo terrorista (Los Leopardos), dirigido por una líder fantasmal (Artemisa), de la que muchos saben apenas rumores, pero no dudan que podría cambiar el rumbo de México y erradicar, como una heroína inmaculada, las corruptelas habituales que vivimos a diario. Con una prosa seca, de contrapunto, pero que sugiere, sus personajes se mueven en un Distrito Federal caótico y gris, y una Ciudad Juárez que se cuece en la violencia pero busca renacer. Se trata de dos cándidos ángeles caídos (Diana y Federico), que mientras exploran una relación ambigua e invadida de secretos, intentan descubrir quién en verdad es Artemisa y sus seguidores. Aunque en el intento ambos se den cuenta que uno representa la podrida justicia mexicana y la otra la esperanza atrofiada de los ciudadanos.



Joel Flores.- Me gustaría comenzar con unas preguntas de rigor. Pues me interesa saber cómo se están formando los escritores jóvenes nacidos en los ochenta, si en talleres literarios, diplomados, universidades con máster en escritura creativa o gracias a las becas artísticas patrocinadas por el Estado. ¿A qué edad comenzaste a escribir, por qué y qué escritores han estado a tu lado? Danos tu historia con la literatura.

Israel Terrón Holtzeimer.- Sabes que mi formación literaria es muy pobre, por no decir inexistente. Nunca tomé talleres, mucho menos becas referentes a la creación literaria. “Aprendí” a escribir leyendo. El problema de esto es que también soy muy mal lector, y han sido pocos los autores que me acompañaron en este proceso. Como referentes te puedo citar a Rulfo, Del Paso, Joyce, Wilde, Kafka, Burroughs. Y te debo confesar que no estaba entre mis primeros planes ser escritor. Comencé a escribir ya tarde, alrededor de los 25 años.

JF.- ¿Qué te llevó a decidirte por la escritura?

ITH.- Desde la adolescencia siempre escribí canciones. Muchas veces me imaginaba historias más complejas. Ya venía pensando en varios personajes que solía dibujar cuando estaba en la preparatoria. Pero no fue hasta que entré a la universidad y varias personas comenzaron a notar que era bueno escribiendo: que hacía buenos ensayos, buenos trabajos finales. Uno de esos días sólo me senté y comencé a escribir. Soy algo simple para hacer las cosas.

JF.- Veo tu trayectoria como escritor y relativamente eres novel. Y como noveles muchos debutan con un libro de cuentos. ¿Por qué escribir novela y no lo otro? ¿Qué significado tiene para ti, como género literario, la novela que has escrito y qué autores crees que te han formado?

ITH.- Bueno, desde el comienzo he mantenido que sólo soy novelista. No escribo cuentos, ensayos, crónicas o poemas. Nada que no sea novela. Me han ofrecido publicar en revistas o colectivos, así como columnas de opinión en foros. La verdad no me gustaría tener textos míos regados por toda la red o revistas. Sólo quiero que existan mis novelas. Pues Artemisa Café, como género literario, puede significar algo distinto. No creo que sea algo novedoso, sólo es algo que comúnmente no se escribe en México. Las referencias actuales, la narración frenética, los escenarios apocalípticos, realmente muy alejado del estilo latinoamericano. 

JF.- Artemisa café es una novela caótica, que en primera instancia sugiere una suerte de historias fragmentarias interconectadas sólo por Diana (la ángel heroinómano), Federico (el federal enamorado), Los Leopardos (grupo anarquista contra el Estado) y Artemisa (la líder). ¿Cómo nace tu novela y cuánto tiempo tardaste en escribirla? ¿Por qué esa estructura, buscaste alguna semejanza con la realidad que nos tocó vivir?

ITH.- Es demasiado complejo encontrar la semilla de una novela. Tienes una lluvia de ideas. Comienzas a seguir un hilo en la historia y cuando te das cuenta ya tienes todo el estambre enredado. El primer borrador lo escribí en unos cinco meses. De ahí fui cambiando muchas cosas, puliendo el texto y cerrando cabos.  La estructura no la pensé mucho, creo por eso es tan compleja. Ya que muchas escenas la escribí como las fui pensando. En verdad fueron pocas las que llegué a cambiar de lugar esperando darle mejor fluidez a la trama. Y respecto a la semejanza con la realidad, creo tampoco fue a propósito. Soy adicto a las noticias y usé muchas de éstas para contextualizar la obra. Pero no lo hice como reclamo social, sólo para aterrizarla un poco.

JF.- Hablemos del tema, muchos podrían ubicar tu novela en el narcorrealismo, incluso el realismo sucio, por cómo enuncia cierto imaginario público. ¿Por qué hablar de Juárez, la violencia, un grupo anarquista liderado por una mujer en contra del gobierno?

ITH.- Se menciona el narcotráfico, pero realmente no es el tema de la novela. Por mucho no es el tema. La obra aborda el terrorismo, algo que en México no es tan común todavía. Hablo de Juárez porque conozco Juárez, desde adentro, no como muchos textos que hay sobre la ciudad de escritores que vienen, se hospedan tres días y creen que ya pueden opinar sobre las problemáticas sociales. Con todo y esto tampoco quise hacer de Ciudad Juárez protagonista, creo que la ciudad ya no necesita que se hable mal de ella. Por eso todo lo llevé al D. F. Ciudad que también conozco. Creo que la idea de un grupo anarquista, de una revolución, me surgió de todos estos movimientos que quisieron estallar durante las elecciones del 2006, y de esos rumores que anunciaban que para el 2010 nos levantaríamos en armas como cada 100 años.

JF.- ¿Existe algún grupo anarquista en el que te hayas basado para crear a Los Leopardos en tu novela?

ITH.- Fíjate que leí mucho sobre ETA, sobre Sendero Luminoso. En México sobre la Liga Comunista 23 de Septiembre, el EPR y hasta el EZLN. Pero la naturaleza de Los Leopardos es muy surrealista. No creo que haya muchas bases para compararlo con un grupo real de terrorismo.

JF.- Cambiando de tema, se sabe que Artemisa café fue publicada tras haber ganado el premio binacional Frontera de Palabras-Border of Words, ¿escribiste la novela pensando en ganar algún premio literario?, ¿cómo ha impactado en tu vida esta distinción?, ¿tu obra está llegando a más lectores y críticos?

ITH.- No, para nada. La novela la escribí pensando en que se publicara de una forma mucho más comercial. Al ver que no conseguía hacerlo fue que opté por enviarla al premio Border of Words. El impacto ha sido interesante. Yo no tenía conocimiento de lo que era el mundo literario. Realmente no estaba involucrado. El premio me puso en el mapa underground. He viajado y conocido a personas muy gratas. Poco a poco comienzan a aparecer lectores, algunos me han buscado por Facebook, de otros me he enterado por frases que publican de la novela en Twitter o fotos del libro que aparecen en Instagram. Las críticas han sido buenas, muy buenas de hecho, muy entusiastas. La portada llama la atención. Tener el cintillo de novela premiada y, sobre todo, lo económica que se consigue, hace que la gente la adquiera con cierta facilidad. Aunque la distribución sea muy limitada.

JF.- Cambiemos la rutina de la entrevista. Uno de tus personajes intenta conocer al otro a través de la música que escucha. Te haré un par de menciones de grupos y solistas y tú me contestas lo que se te venga a la mente:
Pink Floyd – Genios
Baby Shambles – No son The Libertines, pero pasan
Queen – Mercury es el divo del rock
Nirvana – Mis héroes de los 90s
Pearl Jam – TEN, su disco TEN es muy bueno
Sigur Rós – El video de los niños jugando en nieve negra me inspira mucho.
Lou Reed – Artista infravalorado, adelantado a su tiempo
UNKLE – Los conozco muy poco

JF.- Hablemos de formatos y el salto que ha dado el libro al e-book en cuanto a nuestro terreno. ¿Has pensado en publicar alguna de tus obras en formato electrónico y promocionarla a través de las redes sociales?, ¿crees que tendrías más lectores?

ITH.- Creo muy poco en el Internet para el ámbito literario. La gente en línea no lee, o lee muy poco. O tal vez soy muy conservador. Como publicidad por supuesto que funciona y te das a conocer. Pero si esa publicidad no viene con el libro impreso, sirve de muy poco. La gente que disfruta leer lo quiere seguir haciendo en papel. Realmente no ha pasado por mi cabeza publicar en Amazon o lugares de publicaciones únicamente digitales. Pero los tiempos cambian, sé que ha habido novelas muy exitosas en esos formatos. En este momento no me sentiría satisfecho publicando en electrónico. Más adelante no sé, tal vez.

JF.- Hay una pregunta que suelo hacer a otros entrevistados y quiero compartirla contigo. Me interesa mucho si los escritores contemporáneos se están leyendo entre sí y las razones. ¿Sueles leer a escritores de tu generación, vamos, aquellos que nacieron en la década de los ochenta?

ITH.- Sí, sí. De hecho, desde que gané el premio he leído a muchos contemporáneos que he conocido, que hemos intercambiado novelas. De un año para acá es todo lo que he leído. Y sigo leyendo. Siempre será interesante saber qué escriben los autores que han sufrido los mismos procesos temporales, las mismas crisis económicas y sociales. Al final de cuentas son la competencia, quieres ver qué tan malo o bueno eres, y usas como referencia a los escritores de tu generación.

JF.- ¿A qué autores has leído y recomiendas leer?

ITH.- ¿De esta turbulenta generación? Uff, sí que han sido varios. Recuerdo a Pérez Cruz, a López Corral, Armando Salgado, Parra Aguilar, al mismísimo Joel Flores. Me ha tocado leer a David Shook, a Rodríguez Liceaga, Ingrid Valencia, Sara Uribe, Vanesa Tellez. Han sido varios, todos alrededor de los treinta. De seguro estoy dejando a más de uno sin mencionar. Y ¿sabes?, me considero una persona muy cerrada como para recomendar. Todos son buenos en lo que hacen, y hay público para cada uno de ellos.

JF.- Por último, ¿en qué proyecto te encuentras trabajando?, ¿es otra novela?, ¿buscarías publicarla en una editorial comercial?

ITH.- Estoy trabajando en varios proyectos, todos novelas. El que tengo más avanzado es un manuscrito sobre pilotos de la Segunda Guerra Mundial, sólo que algo pasa y la guerra no termina, entonces se narra la situación de un mundo desdibujado en el supuesto año 1999, un sociedad enferma donde la política de los gobiernos es gestionar el declive, lo que ellos consideran el final de la civilización conocida. Es una obra muy ambiciosa de cuatro tomos. Y sí, buscaría a una editorial comercial que fuera capaz de ver el enorme proyecto que es, incluso como franquicia. Pero bueno, tengo que prepararla muy bien para venderla lo mejor posible.


La entrevista también se puede leer en La gualdra (138), La Jornada Zacatecas.

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