domingo, 13 de diciembre de 2009

.214.

Vaya que las vacaciones son raras. ¿El raro es uno? No es buena la noche para ponerse a resolver preguntas ontológicas. Más bien las vacaciones, por más que uno se proponga a hacer lo contrario, son días de pura inactividad. Uno quiere terminar de leer un libro choncho en dos horas, escribir un relato en un día y hasta ir al cine y hacer un artículo de un tirón respecto a la película que vio. Pero no sale. No se dan las cosas como uno las pide. Mi abuela dice cada vez que la visito, Hijo, uno no puede tener todo en este mundo. Yo no le hago caso, por eso casi nunca la visito. Tampoco puedo decirle, Abuela, no mame, todo se puede tener en este mundo, por lo menos en la cabeza. Sé que si se lo digo no me va a bajar de niño cabrón, como siempre me reprende. Esa abuela, tan buenos raunds que nos damos cada vez que pone su postura sobre la vida en la charla, y yo, más que incendiario, la contradigo. ¿Quién va a querer a la abuela más que yo, bola de nietos encalmados? No la visito, pero siempre la llevo en mi alma y en mi corazón. No cabe duda que los golpes nos unen. Bien comprobado lo tengo con nuestra gran relación abuela/nieto. En fin. El motivo de mi post no es hablar de esa pobre mujer que tanto quiero, sino de otra cosa y esa cosa es.

Ya no me acuerdo.

Miento. Sí me acuerdo. Y muy bien.

Vengo llegando de la calle, puesto que hoy hice mis tareas en la casa y quise salir a tomar el aire y ver en cuánto costaba mi Play Station que tanto merezco. El precio no lo diré por aquí, sólo diré que gastar en ese cacharro me va a dejar tres meses sin comer, o bien, pasar una dieta de puras quesadillas. Claro que la abuela, a pesar de que es dueña de muchas tierras y está más que cuajada en dinero, no me va a prestar dinero para darme ese lujito, como ya lo dije antes, o bien, lo dijo ella, No se puede tener todo en este mundo. Y ella ayuda más que otra persona a que suceda así. Vaya cosas. Por esa razón y muchas otras, dije, Vamos a escribirle una carta a Santa.

Inicia así:

Dear Santa,

Mejor en español, que tal que el viejo no me quiere contestar porque le pido las cosas en inglés.

Querido Santa,

La verdad no sé si existas, he pasado muchos años esperándote y has brillado por tu ausencia, como dicen en el teatro español. Alguna vez consideré contratar a un detective para que te buscara, pero nunca tuve dinero para hacerlo. Hoy creo que lo tengo, pero no voy a pagarle a un detective para que te busque, prefiero comprarme mi Play Station 2, para hacer mi venganza y demostrarte que contigo y sin ti yo puedo hacer las cosas, maldito gordo emboba niños. Pero hagamos las paces. Ni tú eres el súper héroe que todos los niños esperamos, ni yo me he portado tan bien como para haber merecido eso que tanto te pedí de niño. Ahora estoy grande y debemos de poner las cosas en claro. Creo que sé negociar y llegaremos a un acuerdo.

Ya no creo en ti, ése es mi primer golpe. Y aunque existieras y vinieras a mi casa para solucionar ese daño, tendrías que traerme muchos regalos, muchos, muchos. Me debes bastantes, debes recordar. Pero como quiero llegar a un acuerdo, porque como tú y muchos otros saben, soy humanista y me gusta arreglar la cosas con acuerdos y escuchando, te voy a dar otra oportunidad. Una última. Así que pon mucha atención.

De antemano sigo en mi postura. No existes, pero si existes quiero que leas esta carta detenidamente y sopeses muy bien las cosas. Si no quieres perder a un gran hombre, una gran amistad, un gran creyente de la idea santaclauseradelosregalosqueunotantomerece. Espera, antes de mi amenaza debo aclarar que de niño formé mi club de creyentes que se manifestaba con esa frase a favor de la fe que te teníamos. Sigo con mi amenaza, si no me traes lo que te exijo, ya no es pido, me vas a perder para siempre. Sí, para siempre. Perderás a un hombre que en un futuro tendrá mucho poder, tanto, que se hará de un grupo de mercenarios y de armas y de bombas y de todas esas cosas que le hacen daño al otro, para irte a buscar a donde vivas y allí pondremos las cosas claras. Tú, tus enanos inadaptados y transgénicos, tus renos esos que no son más que venados desnutridos, contra mi grupo de amigos sedientos de hacer daño. Sé que no soy el único dolido contigo, y muchos se unirán a mi grupo para hacer venganza. Muchos están de mi parte. Y lo sabes.

En fin. Espero no tomes esto como una amenaza, más bien te invito a que lo veas como una invitación a que te pongas a meditar y soluciones de una vez por todas las cosas, por tu bien, por tu bien, reflexiona.

Ahora paso a darte mi lista de deseos.

1: Que se caiga el edificio que tanto he deseado que se derrumbe. Tú y yo bien sabemos cuál, por detalles de amistad y por mi bien político no puedo decir. Pero tú sabes, no me hagas preguntas, por favor.

2: Que se mueran Calderón y sus cuates. Le harías un favor al país.

3: Que bajen los precios de los libros, de manera que no afecten a los libreros, editores, escritores e imprentas.

4: Que Slim, junto contigo, reflexione y todo su dinero, o parte de esa gran fortuna que posee, se la dé a los muchos que la necesitamos. Bueno, la verdad a mí no, pero con su fortuna podemos suprimir más de la mitad de la pobreza de México. Eso sí se puede.

5: Que encierres en una jaula con muchas ratas a Ulises Ruiz y no lo dejes salir hasta que las ratas lo hayan convertido en popo.

6: Que la gobernadora de mi ciudad, alías Tu tía, así le dicen todos, se tropiece un día de la escalinata de La plaza de armas y no se levante nunca. Lo mejor que podríamos hacerle después es convertirla en monumento de cantera para que todos los perros la orinen y las palomas la caguen. No tengo ningún problema contra los políticos, debo aclarar, tampoco con las secreciones corporales, pero esa es una bonita manera de mostrarle nuestro cariño como ciudadanos.

7: Como éste es mi número de la suerte, les dejó a los lectores un espacio en blanco para que pidan su deseo, para que vean que yo sí soy amigo ___________________________________

8: Que los Zetas se conviertan en Equis y dejen, de una vez por todas, de existir.

9: Que desaparezca Televisa. La culpable de la ineptitud de muchos mexicanos.

10: Que le dé un paro cardiaco a Carlos Fuentes, ya está ruco y ha comenzado a escribir muchas tonterías.

11: Creo que es hora de pasar a lo personal. Una mujer que me acepte. No más.

12: Si no existe alguna. Te pido un súper poder que me ayude a controlar mi libido, que ha causado muchas catástrofes y hasta heridas.

13: Que me regales un vuelo de vuelta a España. No es que me haya aburrido de México, es sólo que haya me espera un gran camino. Eso creo.

14: El premio que tú y yo sabemos bien merezco. No te vayas a hacer pato este año.

15: Una beca académica en la playa. No importa que no sea en Bilbao.

16: Trabajo aún mejor pagado. De escritor. No te hagas oreja.

17: Viajar todo el 2010. Del norte al sur, del sur al centro y del centro al norte y así hasta que me canse.

18: No importa que me tengas otro año más en la pobreza, si ya me has tenido 25. Pero hazme un pobre feliz. De esos que andan en las calles sin dinero, pero siempre con una sonrisa de oreja o oreja.

19: Que les cumplas a mis familiares todo lo que te piden, de lo contrario ya sabes cómo nos vamos arreglar.

20: La última. Bueno, ya sabes qué es. Esto te lo digo por un mensaje de celular, asunto más que privado. Tiene que ver con H, pero no se diga más que después me ventaneas.

Espero que reflexiones, querido Santa y podamos llevar la relación tranquila.

No era mi intención molestarte, pero sí hacerte pasar un muy mal rato, como esos que tú me hiciste pasar a mí cuando era un niño que creía fielmente en el hombre del traje rojo y de barba blanca.

Se despide tu más noble descreído.

J.F.


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