lunes, 23 de marzo de 2009

.198.






Hace exactamente un mes fuimos al Carpio, un pueblo muy cercano a Córdoba. Allí hubo una exposición de las pinturas y esculturas de mis compañeros de la Fundación Antonio Gala. También hubo una lectura en el auditorio del bello lugar. Santo junto a Iñaki cantó unas rolas de Pink Floyd. Yo leí este pequeño relato con el fondo de una canción de Manu. Lo más bonito de todo fue la foto. Esperemos pasar a la historia. Aquí los 14 de la séptima promisión. Aquí mi texto escrito para el sitio.


El no escritor



Estimados lectores, público aquí presente, me considero culpable y charlatán. Yo, un hombre que se nombraba de letras, me desmiento. No puedo más que revelarles mi engaño. No he sido, ni soy, ni seré alguien que escriba. Siempre le he tenido miedo a la escritura. A la página en blanco. Pero aún así me consideraba novelista. Mi mentira ha sido tan grande que se la han creído muchos: mi familia, mis amigos, mis novias, mis conocidos, hasta mis maestros de universidad. El considerarme escritor me ha ayudado, por ejemplo, a ganarme esta residencia. Pero no sólo he engañado a todo mundo, también me he engañado yo.

He sido avispado y ladino. Perdón, he sido tonto y mentiroso.

Mis engaños me han socorrido en asuntos del amor al querer liarme con varias andaluzas. Mi táctica siempre ha sido audaz y certera cuando flirteaba. Luego de haber bebido algunas copas con ellas, las mujeres, les decía acercando mi boca a su oído “soy escritor”. Y les recitaba de memoria, con fruición y despojo, uno que otro párrafo de mis novelas preferidas. Y caían rendidas a mis brazos.

Soy un gañán. Soy una máquina de amor. Soy rufián pero no me maten.

Mi labia ha sido más efectiva que las palabras cuando las escribo, aunque en ciencia cierta nunca he escrito un párrafo, ni en defensa propia, sólo mi nombre, y ha sido así porque me gusta que los demás lo degusten en sus labios y su lengua como si de vino de buena calidad se tratara.

No soy culpable ni inocente, hombres más azuzados, hombres más inteligentes que yo, sin duda alguna, han hecho que me desenmascare pidiéndome que escriba un cuento, deben entender que las circunstancias me han llevado a esto. No me justifico, pero en el mundo todos engañan: los políticos, los funcionarios públicos, los que nos dicen gobernar, y los que nos dicen que aman. ¿Por qué yo debo ser condenado por haber erigido embustes para darme beneficios y satisfacciones?

Si me van a condenar, entonces les pido, les imploro hincado, haciendo a un lado mi capote y estilete, que condenen a todo mundo y que salven sólo a aquellos que nunca han dicho una sola mentira. Después de haber llevado a cabo esta ejecución, les aseguro, el mundo quedará vacío.










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