sábado, 2 de mayo de 2009





Yo no sabía de ella. Pero ahora que todos los diarios y hasta la gente de la casa no deja de preguntarme cómo están las cosas, me estoy dando cuenta de que en México se han muerto más de 100 personas. Mi compañero de residencia, mexicano también, está alarmado. A veces reza y pide. ¿Yo qué voy a rezar? Llevo tantos años sin hacerlo que ya se me olvidó cómo inicia un padre nuestro. Mi compañero pide por su familia y piensa en donar parte las ventas de sus cuadros a la gente que no puede comprarse el medicamento. Yo que voy a donar. Si me la estoy pasando de pobretón y gorreón acá en España. Vamos, no me quejo: me alimento bien, duermo bien, trabajo bien, pero no tengo ni un clavo en la bolsa para comprarme una cajetilla de cigarros. Para tomar el bus. Creo que mis compañeros ya están hartos de que les robe cigarros. Es que todo es tan caro, que comprarse tres cervezas en Córdoba equivale a un salario mínimo en México. Nací en un país tercermundista. Pero no me quejo. Nací en un país lleno de ladillas que sólo ven por sus intereses, y que desde Santa, y quizá desde tiempo más atrás, a nuestros gobernantes les importa un bledo venderse y vender parte de nuestro país con tal de salir bien librados ellos.


¿Qué gano con quejarme? ¿Qué gano con repetir tantas quejas que otros más listos que yo han puesto sobre la mesa? Tampoco me quejo porque el gobierno de mi ciudad no me apoyó siquiera con el boleto de avión y con una raquítica beca que apenas me hubiera alcanzado para comprarme libros acá en España. Digo apenas porque los libros (¡bah!, esos objetos tan caros que uno ya no sabe si gastar en ellos o comprarse un caja de cigarros), porque la beca que posiblemente me ofrecían no me iba ayudar a solventar todos los gatos.


¿Pero estaba hablando de la epidemia. Pobres cerdos, tan hermosos que son, a mí que tanto me gustan, me parecen tan únicos estos animalitos que me cuesta creer que los estén culpando. Cada uno puede pensar lo que quiera, vivimos en un país libre. Hablo de México. Yo no me creo que esto sea una enfermedad que está exterminando a la cuarta parte de la población mexicana, y otras partes más fuera de México. Dejé de creer en los medios de comunicación desde hace muchos años, creo que fue cuando descubrí que Chabelo no era un niño, sino un señor de mucha edad que le gusta inhalar cocaína antes de actuar para En familia con Chabelo y que le gusta cogerse a las modelos que contrata para su programa. Esto no tiene mucho qué ver aquí.


¿Acaso faltan aún más pruebas después del terremoto del 68 para saber que los medios informativos en México son el arma que más usa el sistema para crear miedo y shock en sus ciudadanos? ¿A caso falta aún más para darnos cuenta de que nuestros gobernantes son manipuladores y alarmistas cuando más les favorece? Quiero que se me entienda. En el terremoto del 85 hubo un centenar de personas muertas, hubo un terror y alarma real en México, y Miguel de la Madrid (presidente en turno aquéllos años) lo tomó como una simple catástrofe de la naturaleza. No dio la ayuda suficiente para que México pudiera salir de esa tragedia como lo merecemos los seres humanos. No por nada los ciudadanos, en el pasado, y en un ahora, sabemos de que en nuestro país es mejor que cada uno se rasque el culo con sus propias uñas si quiere sobrevivir.


Pero como ya lo dije antes: este es un país libre y cada quien puede pensar lo que quiera. Como por ejemplo, que lo de la gripe porcina es cierto. Esta vez el gobierno no trata de engatusarnos con sus mentiras. Hay muchos muertos, habrá más, pero ellos tienen la cura en sus manos, y pronto, muy pronto, después de que pase el 6 de mayo, todos saldremos de este bache, como de otros tantos baches que hemos salido. Pero también puede creer que todo eso no es verdad, y que detrás de toda esa información existe otra, otra más dura y más catastrófica. Otra que, como siempre, se nos oculta, se fragua a las espaldas de nosotros, quienes deseamos saber los hechos reales, porque somos o seremos los más afectados. Sucede que soy algo quisquilloso. No me creo a pies juntillas que la militarización en mi país esté fungiendo como un medio de control y protección a los ciudadanos. Tampoco me trago que Barack Obama haya visitado a Felipe Calderón para tomarse martinis y para hablar del alto índice de muertes a causa del crimen organizado. Es claro que Obama vino a cerrar negocios que benefician a los USA y someten a México. Es más que lógico que la intromisión de los militares en un país significa que se nos está gobernando con otro tipo de mano. Una mano más dura, más mentirosa y más alarmista.


La gente de acá de España, ya sea la cocinera, los conserjes de la casa o las personas que me encuentro en la calle y saben que soy mexicano, no dejan de preguntarme por mi familia. Yo les digo que todo está bien, que mi familia está bien, aunque están cansados de la cuarentena y de sólo ver los mismos programas de la televisión y de no ir a trabajar ni al cine. La gente se alarma porque me tomo las cosas con tanta naturalidad. Y me dicen: “pero si se está muriendo mucha gente en México, ¿por qué no estás asustado? Yo les digo que porque más gente se ha muerto desde que entró Felipe Calderón al gobierno, y que me asusta aún más que ese hombre sin escrúpulos siga como nuestro presidente; me alarma más saber que con él en el poder los problemas que tanto ha cargado México desde el pasado no están disminuyendo, sino por el contrario, están creciendo y creciendo como un cáncer en el cuerpo humano que cada vez que pasa por las quimioterapias sólo empeora y empeora.


Las demandas actuales de nuestros ciudadanos son tan viejas que podrían caer en el anacronismo si las comparamos con las demandas que algunos ciudadanos europeos tienen. ¿Desde antes de la revolución mexicana que se exigía? Derrotar la manipulación del gobierno, abolir los contrastes económicos y laborales que tanto subyagan a las clases marginadas. En México, como siempre, sólo tienen acceso a la educación y a una calidad de vida más favorable aquéllos que están en el poder, aquéllos que han ido pasando el poder a su misma estirpe, a sus mismos amigos, a su misma pandilla. ¿Qué se exigía por aquéllos años, los años de la revolución? Un gobierno claro, justo, congruente con sus ideales, sus propuestas que mencionó desde antes de ser electo. Una democracia que se aplique como el mismo significado de la palabra lo demanda: todos deben tener el derecho de opinar y de exponer sus ideas, todos deben de tener el derecho de ser escuchados y educados.


No estoy exagerando, tampoco me estoy quejando. Sólo creo que la gente se cansa de lo mismo, al menos yo estoy algo cansado, y eso que apenas tengo 24 años de edad. Estoy cansado de que en México exista siempre la misma manipulación gracias a los medios de comunicación. Estoy cansado de que se nos quiera hacer ver que se nos está ayudando pero en verdad, lo que el mismo gobierno hace con esta supuesta “ayuda” es causar un shock masivo, un terror en los ciudadanos, ponerles una venda en los ojos, llenarles las cabeza de información falsa, crearles miedo, y hacernos ver que ellos tienen el poder en sus manos y nosotros sólo debemos obedecer porque son nuestro salvadores. Pero como ya lo dije antes: vivimos en un país libre y cada quien puede pensar lo que quiera.



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