sábado, 7 de febrero de 2009

.196.






En España ya está a la venta Temporada de caza para un león negro de mi carnal el Tryno Maldonado. Lo publica la editorial Anagrama en su colección Narrativas hispánicas. Les recomiendo que lo compren y se lo chuten. El libro es, a mi parecer, una novela que bien podría acompañar, en un futuro, una trilogía de buena calidad, potente y vertiginosa. Pero esto sólo es una interpretación propia al querer justificar el título de la obra. La pieza narrativa es corta en cuanto tiempo temporal de la historia y conforme están acomodados los hechos que la urden. Su estructura, en apariencia de espiral y fragmentaria, nos engancha para seguir leyéndola y seguirnos enterando de las manías y obsesiones de Golo, que están contadas por su amante gay.


Temporada de caza en primera vista traza una crítica bastante mordaz al circulillo viciado de pintores y galeristas de una ciudad que bien podría ser México, u otro país. Personajes que, según descubrimos en el mundo creado por la novela, son niños que gozan de un estándar privilegiado en la alta sociedad acomodaticia con el arte (los pintores); y gente que ve las obras de arte como objeto de lucro (los galeristas). Pero a segunda vista encontramos otro registro que me parece más elogiable en la novela. La creación de un personaje que no encaja dentro de lo que conocemos como tópicos artísticos (el típico petulante personaje que lo conoce todo y lo tiene todo), ni en los no artísticos. Golo más bien es un muchachito con talento de sobra. Sabe que con sólo re-decorar un baño ya creó una obra única. Golo podría ser como un tipo extraño que se sabe todo sobre él, pero a la vez no se sabe nada. Podría decir, también, que Golo es como los rechazados que leemos en los cuentos Cheever, uno de los maestros de Tryno Maldonado, pero no encaja en esa nomenclatura. Es, creo más indicado, el que rechaza el mundo y le importa un bledo la vida de los demás.



Desde aquí, lejos de casa, no me queda más que decir que Temporada de caza para el león negro muestra a un narrador que va madurando y se va haciendo de un estilo propio y particular, a pesar de que su apuestas estilísticas como escritor han ido cambiando en cada obra. En Temporada de caza ya no encontramos a un autor que pretendía descubrir la pólvora del arte de narrar con un lenguaje barroco y la simulación de registros literarios antes utilizados por escritores que él mismo admira (Temas y variaciones); tampoco la voz femenina, disgustada, vapuleada y resignada, en ciertas ocasiones, de Friedl (Viena roja). En Temporada de caza vemos un escritor que se divierte mientras cuenta y que conoce muy bien sus herramientas, su voz narrativa, y que nos vislumbrará con mejores obras en un futuro. Sólo hay que esperar a que afile más sus armas.




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