domingo, 11 de enero de 2009

.189.










Por fin hoy salió el sol en Córdoba. Ojalá los días siguán así, llenos de luz. Por fin pude ver el sol asonándose a mi ventana. Después de desayunar bajé al patio de noviciados con todo y la portátil bajo el brazo. No para escribir, ni para leer, sólo para escuchar música, contemplar la mañana y los colores del jardín. Hoy eso me llena más que ponerme a leer. Mientras tomaba café y fumaba, la computadora cantó muchas veces el disco de Guila y los Tellarini, grupo que le abrió a Café-Tacuba en el concierto que dio en Madrid y al cual no pude ir. La canción que más sonó fue Markitos. No me quejo, porque a veces, así como es mejor leer para uno mismo, o escribir notas para uno mismo. Este concierto fue personal, sólo para mí y nadie más. Paso la canción, como si les estuviera compartiendo parte de esta micro-felicidad efímera:



Y es que había una vez
Un corazón decidido
A quedarse a mis pies
Y a entender lo que digo
Y yo que no supe sentir
La necesidad de decir
Que no te vayas de aquí
Que no te vayas de mí.

Yo quise dejarte venir
Y ahora siento pensar que fue así
Y si aún puedo yo decidir
Déjame quererte decir
Que ahora yo lo sentí
La necesidad de decir
Que no te vayas de aquí
Que no te vayas de mí



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