viernes, 9 de enero de 2009

.188.



Yo no lo sé de cierto, pero lo supongo


Texto escrito el 16 de diciembre, luego de haber leído el artículo de Marías publicado por el suplemento literario de El país el 14 del mismo mes y del año 2008.


Desde que inicié este blog, creo que fue hace más de tres años, me he puesto a pensar constantemente cuál es su verdadera función y por qué recurren a los espacios electrónicos los escritores sin libro publicado como yo. En realidad siempre término dándome la misma respuesta: un blog es un espacio que te ayuda a compartir tus gustos, en mi caso, literarios. Pero también sirve para abrir diálogos con otros escritores —ya sean de tu generación, biológicamente hablando— o para promocionar y darte a conocer ante un cierto círculo de lectores. La respuesta es muy larga, pero no es absoluta, sino de fin particular. Cada uno tiene sus razones de por qué escribir en un blog y cada uno tiene sus razones para no hacerlo. Yo en realidad soy un irresponsable, en mi bunker tengo rachas buenas y rachas malas: a veces posteo constantemente; otras, sólo pienso que lo hago y no lo hago. Así que, a ciencia cierta, no soy un ejemplo a seguir ni alguien pertinente para dar argumentos acertados sobre este tema. Pero este domingo, antes de salirme a caminar al Puente romano, leí un artículo de Javier Marías que me volvió a poner a pensar más. El artículo fue publicado en el suplemento de cultura del diario El país, y se titula “Una región ocultamente furibunda”. Debo aceptarlo, me pareció bastante simpático. Primero porque el autor nos informa que él nunca se ha sentido cómodo escribiendo en una computadora portátil o en una computadora de escritorio —“ordenador”, como lo llaman los españoles—, y se muestra como un hombre fiel de las antiquísimas máquinas de escribir y muy poco acostumbrado a los avances tecnológicos que los jóvenes llamamos maravillas de la invención humana. No tardé en imaginar a un Javier Marías farfullando maldiciones ante una computadora.

El punto es que en el artículo de Marías vemos cosas bastante ciertas y otras, a mi parecer, no tan ciertas. El madrileño también habla de la WEB, esa amplia habitación que día a día se va convirtiendo en un vacío, sobre sus ventajas y sus desventajas. Ventila que por culpa del internet se crean cada vez más novelas históricas muy mal documentadas y notas periodísticas falsas. Luego se pasa a hablar de los blogs y foros web. Los compara con una gran taberna donde su autor es un consumidor que se muere de ganas de contarle su vida y se la cuenta a todos los clientes para ganar su simpatía, para sentirse aceptado, para provocar reacciones. Marías le hace ver a sus lectores el blog como una cruza de líneas telefónicas donde al realizar una llamada “supuestamente” privada, muchos se dan cuenta de lo que se dice en ella y tienen la facilidad de opinar o despotricar sin piedad sobre lo que se ha escuchado. “Debe haber mucha gente solitaria, o que aguanta la soledad —ése gran bien— pésimamente”, nos argumenta Marías. Y yo me pregunto. ¿Para qué demonios sirve un blog entonces?

Yo no lo sé de cierto, pero lo supongo, que desde que abrí el mío fue para tener un espacio, ya no individual, sino abierto a un público que conocía, que conozco, otro que desconozco o que ignoro que existe. Lo abrí para compartir mis lecturas, mis argumentos —aceptables e intolerantes algunas veces, porque así de duales somos los humanos— sobre ciertos temas, literarios, políticos o personales. Siempre buscando una congruencia y una postura y defenderla a capote y estilete, aunque el tiempo logré descubrir que cuando uno escribe no es el otro, sino los otros. Creé el blog, sobre todo, bajo la idea de ejercitar la escritura gracias a la continua auto-publicación de textos y así poder llegar a tener un control más fluido de lo que uno trata de expresar con palabras. Sí, intentar escribir a diario, aunque en muchas ocasiones uno mismo se olvide del objetivo.

Lo más fácil de suponer, es que Marías nunca necesito de un blog cuando tenía mi edad, misma en la que se trasladó a París a escribir Los dominios del lobo. En primera porque en aquellos años no existía la WEB y en segunda –tampoco ésta es una verdad absoluta– porque él estaba más dedicado a traducir guiones de películas pornográficas, a leer novelas policiacas, y a descubrir el París que todo escritor deseaba vivir. Marías fue un escritor precoz, eso ya lo sabemos muchos de sobra, que desde los diecisiete años de edad se empeñó a escribir una novela que ahora es una obra de culto, una obra que le dio al traste a aquella literatura nacionalista que se escribió en sus años. Marías tuvo la suerte de relacionarse con escritores como Benet y Molina Foix, con los que compartió lecturas, trabajos literarios, ideas sobre la literatura y a los que les mostró su manuscrito. Los mismos le ayudaron a enderezarlo y a crearle una conciencia literaria tanto crítica como creativa, según nos los confiesa el español en el prólogo de Los dominios del lobo. ¿Pero qué hubiera pasado si Marías no hubiera vivido en esa época, la época de los dictadores y del París como el paraíso del escritor joven? ¿Qué hubiera pasado entonces, si Marías fuera uno más de nuestra generación? ¿Hubiera evadido los encantos de Google? ¿Se hubiera negado a crear una cuenta en blogspot o Facebock? ¿Portaría una Mac de color blanco bajo el brazo, y quizá hubiera abierto una página WEB en la que se la pasaría hablándonos sobre el estado actual de la literatura española, la nueva generación de escritores norteamericanos y la injerencia que tienen en los escritores noveles? ¿O le gustaría despotricar contra las estupideces que cometió Bush junior, y aplaudir la entrada de Obama a la presidencia en EUA y a denunciar lo jodido y disfuncional que está el mundo? O bien. ¿Se hubiera unido a esa generación furibunda que él crítica desde la distancia de sus años? Todo esto no lo sé, sólo lo supongo, como supongo otras tantas cosas que me callo. Lo que sí sé es que Marías es y será un escritor excelente, le gusten o no los “ordenadores” y los encantos de la WEB.

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