jueves, 15 de enero de 2009

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¿Qué pasa en Zacatecas?

Eso muchos nos preguntamos. Hoy por la mañana, los periódicos que circulan en Zacatecas y ofrecen información en Internet hablan sobre el cierre repentino de una de las gaseras más importante que comercian gas LP en el estado por culpa de extorsionadores, y del deficiente servicio que da Amalia García Medina como gobernadora. ¿Qué decir de las autoridades? Se han visto afectados más de tres municipios y cientos de familias. Peor aún, empresas que suministran alimento como panificadoras y tortillerías. El motivo de la decisión que ha tomado esta empresa es lógico: a causa de que la gobernadora no tiene la capacidad para acabar con la inseguridad en Zacatecas y sus municipios, la empresa de gas prefiere cerrar para evitar que los extorsionadores sigan amenazándolos o lleguen a los secuestros.
Es ya es un lugar común leer, escuchar y decir: ¿qué se gana con denunciar el narcotráfico, a los extorsionadores y la inseguridad en México? La gente que supuestamente vela por nuestros derechos como ciudadanos y nuestra seguridad está mezclada o al servicio de aquéllos que causan el miedo. Al menos eso es lo que nos hacen suponer sus acciones.
Cada día es más notorio el tipo de violencia estructural que se da en Zacatecas, y la mala manera que la gobernadora quiere tapar los conflictos con velos artificiales. Al pueblo fiesta y todos contentos, dice el dicho. Pero ¿quiénes pagan la fiesta? ¿Por qué razones no se procede conforme la ley lo dicta? Es contradictorio lo que se lee en los periódicos. En una nota se muestra que una empresa que suministra una materia prima para la subsistencia humana ha cerrado por culpa de extorsionadores, y en otra leemos que el gobierno de Amalia se enfoca en dar más recursos financieros a las empresas medianas y a la iniciativa privada para que Zacatecas se desarrolle en el tema de la industria. La contradicción radica en que no se puede emplear dinero sobre cosas que están dejando de existir. ¿A quién trata de engañar la gobernadora con esto, o la gente que se encarga de ofrecernos esta información? ¿Para quiénes trabaja nuestro gobierno o con quienes comparte su trabajo? En realidad somos tan ilusos como para no notar estos detalles inmensos.
Sobre todo lo dicho nos queda decir: las palabras de Shenli Ye Gon se está convirtiendo en una máxima mexicana: “coopelas a cuello”. ¿Qué pasaría si los extorsionadores fueran traficantes de órganos y en cada una de sus extorciones le pidiera un brazo o una pierna a cada empresario o miembro de una familia? La respuesta se las dejó a su criterio, de antemano sabemos que es muy probable que con el tiempo daríamos rápidamente con los extorsionadores, los secuestradores y narcotraficantes porque serían los únicos en seguir con su cuerpo entero. ¿Se me olvida alguien? ¡Ahh!, ¡sí! Los funcionarios públicos. ¿Acaso estos y aquéllos no son lo mismo?
Es probable que Enrique Krauze no se haya equivocado al decir que México se está convirtiendo en un narco-estado. Las autoridades, los funcionarios públicos hacen como que hacen su trabajo –ocultando información bajo otra información–y nosotros, los mexicanos, les pagamos por lo que mejor saben hacer: tenernos hundidos en el miedo.


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