lunes, 24 de marzo de 2008

.160.



El ocio me ha estado llevando hacia muchas direcciones. Entre una de ellas hallé el entretenimiento de buscarme en la red o buscar si existen personas que se apelliden igual que yo en otras partes del mundo y de México. Es algo entretenido y recomendable para aquellas personas que tienen baja la autoestima. En fin. El caso fue que me encontré publicado en el primer número de la revista Abrelatas de Brasil. La revista es bilingüe. Vienen textos en portugués y en español. Está conformada por varios escritores jóvenes de México y otros de Brasil. Les dejo el link para que le echen un ojo al cuentazo. Sólo denle clik al fragmento:

Es cómodo este hotel. Quisiera tomar un baño, relajarme. ¿El whisky perderá su sabor y efecto si derramo las cinco botellas en el jacuzzi? No lo creo. Así no tendrás la necesidad de empinarte una y otra vez el frasco. Si te hundes en el agua y abres la boca podrás beber lo que quieras. ¿Dónde dejé el whisky? ¡Ah!, ya, a un lado de la cama. Tengo que ir por las botellas y acomodar el mueble de la televisión cerca de la puerta del baño. Me gustaría siempre andar así, desnudo por las calles, sin ninguna preocupación, abrazando a toda persona que se cruce en mi camino. Este buró se parece al que Fabiola tenía en su recámara, donde guardábamos los condones y el lubricante. Qué gustos los de esa infame. De seguro arregló su habitación a tono con el de los hoteles de paso que visitaba con sus alumnos para hacer sus puterías. ¿Cómo pudiste desperdiciar tu tiempo en una mujer con tan malos gustos? Tenía un cuerpo imponente, pero siempre lo ocultaba bajo una falda larga de colores horrendos. ¿Qué decir de su blusa cuello de tortuga? Al desnudarla descubrías muchas sorpresas. Algún día, si me dan la confianza suficiente, les mostraré un video donde la tengo en todas las posiciones. No, les regalaré la copia que muestra cómo cogimos en la azotea de su casa, en una hamaca, simulando que estábamos en una isla desierta.

Siempre quise mostrarles ese material a mis alumnos para que diseñáramos alguna imagen digital guiándonos con él. No sé, un collage manipulado en varios backgrounds. Hoy en día hacer una imagen digital con mujeres desnudas y hombres de pito al aire libre causa morbo y atención en cualquier público, por más pudiente que sea, al igual que las fotos de gente destripada por Bulldozers. El espectador busca lo que no se oculta, lo que le hace ver nuestra jodida realidad.

Estoy alterado. Debo lavarme la cara para relajar los nervios. En el lavabo de este hotel hay dos navajas para afeitar. De niño intenté cortarme las venas dos veces, pero nunca lo logré. Era tan cobarde que no me atreví a enfrentar el miedo. Pero ahora le escupo a la cara siempre que se me presenta la oportunidad o me lo cojo. He aprendido a ver el miedo como una mujer de caderas anchas, chichona y de pupilas encendidas que nos espera en un callejón oscuro. Las navajas son pequeñas, rectangulares. Las descubres inofensivas envueltas en un plástico. Son una hoja de papel sin filo.


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