martes, 16 de octubre de 2007

.150.

Aeropuerto










001: Estoy clavado en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. Escucho a Pixis. “Where is my mind?”, me preguntó un sinfín de veces conforme suena en mis oídos la canción. Esa tonada la he llevado durante años en mi pecho, como cualquier güey lleva un piercing en la ceja. Estoy cansado, confundido y, pese a que me arponeé hace unos segundos en el baño, me sigue dando vueltas la cabeza como si tuviera una terrible banda de conejos en ella. Tomo agua, tiemblo, sudo. Pienso en la mujer que maté hace unos minutos después de fornicarla en el sótano de su casa. Pienso en mi avión, en mi equipaje y qué haré cuando llegué a Ciudad Juárez. Buena pregunta; ni yo sé a qué voy a hacer en Ciudad Juárez. Sí lo sé. Soy un asesino a sueldo. Me han pagado este vuelo porque hay una reservación en el Bristol con mi nombre. Y allí, debajo de la cama, me esperan mis herramientas de trabajo: armas, bombas y más armas. Mañana abordaré un bus a las cuatro de la mañana con rumbo a Los Ángeles. Debo viajar junto a los ilegales y un pollero. Un gringo racista me ha pagado para que ponga una bomba en el chasis del cofre de ese bus y escriba una crónica sobre cómo murieron y cómo logré salir con vida de ese crimen.
002: Estoy sentado en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. No sé cómo llegué aquí. Hace unos minutos me hallaba piloteando mi nave porque emprendí un escape vertiginoso por la culpa de Octrox, un mago desquiciado y vil que invocó los poderes de los truenos y meteoritos estelares para destruir mi planeta, Rulk 23. Tomé mi nave mientras las grandes rocas destrozaban los rascacielos y una enorme lengua de fuego, que partía las nubes, porfiaba por consumir lo que se hallaba a su paso. Al estar dentro cerré la compuerta de la nave, pulsé el botón del nitro para salir librado de la catástrofe y esquivar los poderes de Octrox. Hubo una explosión mientras abandonaba el planeta. Una explosión de orbe descomunal que estuvo a punto de llevarme a sus entrañas y me obligó a desafiar los límites de la gravedad y el espacio. Oprimí nuevamente el nitro y di un par de giros y vuelcos. Comencé a sentir una opresión horrible en el pecho, que el oxígeno se convertía en veneno y aparecí aquí, sentado en esta silla incómoda en la sala de espera de un aeropuerto.
003: Estoy clavado en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. Desesperado, no he podido dejar de ver mi agenda. El calor es insoportable. El avión lleva retraso. Tengo que estar en la ciudad dentro de una hora. Soy un hombre serio, que respeta la puntualidad. Soy un empresario que está enamorado del dinero y es dueño de empresas hoteleras en un sinfín de sitios. Soy un estratega, me gustan los trajes Giorgio Armani y soy ágil con los números y las cuentas bancarias. Si alguien quiere ser millonario, puede hacer negocios conmigo. Pronto tendrá enormes sumas de dinero en sus manos. Soy un hombre serio: me gusta prostituir a niños de diez años y debo llegar en una hora a mi planeta porque tengo hecho un negocio con uno de mis clientes que mejor pagan. Desde hace años he aprendido que la principal manera de hacer dinero es viajar a los rincones más miserables de la tierra: Honduras, El Salvador, México y Colombia, para reclutar humanos, niños de la calle que muestren brío en las mejillas y unas piernas versátiles, para prostituirlos en mi planeta hasta que cumplan la mayoría de edad. Así he ganado mucho dinero y seguiré ganándolo.
004: Estoy sentado en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. Soy un niño-robot genio, un niño-predicador que debe viajar a New York para dar a conocer la palabra de Dios en una iglesia de Central Park. Tengo ocho años, mi número de serie es Rulk23072184000. Visto traje negro y conozco los textos bíblicos así como conozco todos los circuitos que me componen. Mis maestros predicadores incrustaron un micro-chip en mi cerebro que manda ondas divinas y me ordena que predique la palabra de Dios a cualquier ser con vida. Ayer prediqué en un zoológico. Hoy, antes de llegar al aeropuerto, en un circo. Mis maestros predicadores me enseñaron hasta el hartazgo que debo desmentir las teorías científicas y sus avances; negar que la pregunta de nuestro génesis se responda con la evolución del mono, es mi misión en este mundo. Debo hallar todos los textos de Darwin y quemarlos. Yo nací de Adán y Eva, vengo de su carne y de sus huesos. No soy pariente del mono. Nací para llevar la palabra de Dios a cualquier parte del mundo y corregir la enmudecía y pestilencia sobre la tierra. Nadie se ha percatado de que el demonio ronda entre nosotros. Soy hijo de Dios y voy a exterminarlo. Todo el mundo está equivocado y se irá al infierno si sigue creyendo que Dios no existe y que todos somos un accidente provocado por el desarrollo de una célula que chocó contra otras miles de células que después provocaron un bing-bang y se convirtieron en agua, hielo, aire, carne, tierra, huesos y vapor. Todos los que piensan eso están condenados a pagar sus penas. Yo soy el nuevo robot-mesías y tengo una misión: vine a redimir los pecados del hombre y deben escucharme.
005: Estoy clavado en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. Soy un gran conductor de la cadena Telemundo y he ganado fama conduciendo talk shows como Los mejores suicidas, Familias disfuncionales y Los feos también tenemos derecho de amar. Soy una persona elocuente, que ha ganado popularidad; me han pagado bien por mi brillante sonrisa. Tengo la verga de veinticinco centímetros y me gustan las mujeres. Cojo seis veces a la semana, siempre con mujeres distintas. Me agrada que prueben el pito erguido de un artista y se sientan realizadas. Todas aman mi gran verga y piensan que es un regalo de Dios. Piensan que probarme es la mejor manera de estar en contacto con él. Mi verga es una llama erguida: parte cualquier carne y entra en todo lugar. Mi verga es el mismo dedo de Dios dando órdenes: en todos lados está y en todos lados es bien recibida. Me gusta que todo el mundo hable de mí, que digan que soy viril, que mi sonrisa vale un millón de dólares. Estoy esperando mi vuelo con rumbo a Hawái. Un director de cine porno se interesó en mi verga; me ofreció una buena cantidad de dinero por cogerme a un par de mujeres en una playa nudista. No quiero que nadie sepa que voy a participar en una película porno. Puede suceder que mi sonrisa no siga valiendo el mismo precio si alguien se entera. Soy un profesional y tengo todo solucionado. Voy a cubrir mi rostro con una máscara de luchador mientras se filme la película. Sólo espero que mi verga de veinticinco centímetros no me delate y que las mujeres no extrañen mi sonrisa.
006: Estoy sentada en una silla incómoda, en la sala de pasajeros del aeropuerto. No he dormido bien y esto de dedicar mi vida a la literatura me tiene fastidiada: se come poco, se sacrifica el cuerpo, se piensa mucho y se mata a lo que más se ama. Mi esposo me ha guiado hasta este sitio. Me dejó afuera de la sala de pasajeros, donde hacen la revisión correspondiente de tu equipaje y te obligan a que vacíes tus bolsillos en una banda móvil. No entiendo por qué mi esposo no ha dejado de seguirme desde su muerte. Ya me tiene harta, por esa razón voy abordar un vuelo e intentaré olvidarlo. Hace unos momentos fui a la máquina de refrescos porque tengo una sed seca y la maldita máquina no funciona. Recogí mis monedas de la boca de ese aparato y recordé que hoy mi esposo se veía guapo y atento y que sus ojos brillantes por el sol de la tarde me hicieron recordar la noche de ayer, cuando los abrió por última vez frente al brillo de la luna. Yo no quería matarlo, pero se empeñaba en obligarme a que dejara de escribir y a cogerme en horas de trabajo. Recapitulemos: el bosque, un camino estrecho en la penumbra, la lluvia sobre nuestras cabezas, el árbol donde solíamos pasar horas enteras, el brillo de las estrellas sobre nosotros, los labios de mi esposo, su rostro junto al mío, un cuchillo dentro de su vientre varias veces y la boca de la tierra tragando su cuerpo.
007: Estoy clavado en una silla incómoda, en una sala de pasajeros del aeropuerto. Soy un niño miedoso, azorado, enfermizo, de nueve años de edad y que suele orinarse al primer indicio de que algo malo va a pasar. Tengo miedo porque mi mamá ha desaparecido mientras yo leía los comic’s que están en mis manos. Me gustan los comic’s, los amo y tengo una gran colección en mi casa. Pero el ruido de las turbinas de los aviones me aterra, así como me aterra viajar y las grandes alturas y estar rodeado de tanta gente en espacios tan pequeños y verla a los ojos y crearles una y otra historia guiándome con los personajes de los comic’s que están en mis manos. Soy un niño miedoso que sufre de asma y no llevo conmigo el tuvo para jalar aire y reponerme y todo comienza a darme vueltas en la cabeza y no veo a mi mamá por ninguna parte y la sala se va llenando cada vez más de pasajeros y un líquido caliente comienza a correr por mis piernas y creo que voy a llorar porque se me está yendo más y más el aire y no quiero volar y mi mamá no aparece y no va aparecer porque dijo que si me volvía a orinar me abandonaría y las personas no dejan de mirarme porque se han dado cuenta que estoy solo y que no he dejado de crearles historias y simular ser como ellos y el aire se me va, se me está yendo, se me ha ido y no sé cómo detener este dolor en el pecho y la garganta se me reseca y tengo que volver a imaginar que soy otra persona para fingir que no me estoy ahogando.


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