viernes, 17 de marzo de 2017

Estreno columna sobre creación literaria en La Jornada BC



Amigas, amigos, este año, luego de darle vueltas al asunto, estreno el 13 de marzo columna en La Jornada BC. "

Sin dudarlo más, decidí escribir una columna como mis clases en los talleres de narrativa: en cada uno de los artículos quiero dar al lector las ruedas guía que van en la llanta trasera de su vehículo de la escritura, para que después él –si busca escribir ficción– en mis recomendaciones halle el soporte para su propia bicicleta y, conforme avance, llegue el momento en que se deshaga de este y comience su viaje a solas, como algunos lo hicimos durante nuestra niñez. Aquí hablaremos de las estrategias posibles que un escritor utilizó para planificar un libro, cómo nacen los personajes, qué es la prosa y cuál es su ritmo, qué función tienen los objetos en los relatos, que de pronto se convierten casi en personajes o elementos que alteran el orden de la trama. Pero sobre todo hablaremos de novelas y cuentos y, de vez en cuando, de temas no tan ajenos a la construcción literaria".


Les dejo el texto integro aquí y abajo del mismo el link para visitar la página de La Jornada BC. Y les doy las gracias a todos por su lectura.





Viajar en bicicletaJoel Flores


Todo comenzó como las historias comienzan hoy en día: por un mensaje de Facebook. Vianett Medina –dueña de la librería Sor Juana, sitio donde imparto el taller de narrativa Las entrañas de la ficción– me preguntó si no quería escribir una columna sobre los asuntos de la Feria del Libro de Tijuana en el espacio que usted lee ahora. Recuerdo que era domingo muy temprano, apenas despegaba los párpados y apenas también podía leer lo que decía el mensaje. 

Más despierto creí haber dicho que no. Siempre he sido de la idea de que un escritor debe volcar todas sus energías en los libros que está escribiendo y no en disparar por aquí y por allá palabras como artillero sin puntería. Más en este tiempo, en que el lenguaje vale poco y por ello lo derrochamos cada diez o quince minutos posteando en un timeline de red social, sin detenernos siquiera ante la vorágine de palabras que aparecen y aparecen, ante el sinnúmero de noticias viejas y nuevas que no dan tregua siquiera de digerirlas. 

Sé que lo anterior suena como si lo hubiera escrito un octogenario renuente a la tecnología y no un treintañero con ínfulas de obtener likes y retweets. Pero si quieren más argumentos para entenderme, basta con decir que me tardo hasta una hora para decidir qué voy a publicar en mi muro y, muchas veces, de tanto pensarlo, prefiero no publicar nada.

Mi universo está en los libros y el silencio. 
¿Quién soy yo para escribir?, ¿y quiénes son los otros para leerme?, decía Enrique Vila-Matas, luego de haber investigado qué historias debían integrar su novela Bartleby y compañía –esa jocosa obra que reúne casos de escritores que repentinamente no volvieron a publicar libros–. Y yo digo: ¿quién soy yo para escribir una columna?, ¿y qué puedo decir que los otros no hayan dicho o unos más estén diciendo? 

Entonces recordé los talleres de narrativa que he dado desde que llegué a Baja California, el Cuaderno amarillo y Cuaderno azul, antologías que publican desde hace dos años los relatos que los alumnos escriben bajo mi tutela en el Seminario de Creación Literaria, y me dije: ¿y si escribes sobre lo que sabes?, es decir, ¿y si escribes sobre cómo viajar en bicicleta? 

Ya alguna vez Gabriel Zaid, uno de los articulistas de la vieja escuela que más admiro, dijo que leer es una práctica muy parecida a andar en bicicleta, pues en ambas debes estar concentrado para no caerte mientras conduces y muy vivo a tu alrededor para aprehender lo que sucede y aprender de lo que sucede. En la lectura de libros los verbos como acciones son los pasos que nos llevan de un lugar a otro. 

En mis talleres de narrativa suelo decir que la escritura es un oficio y también da un beneficio, como cualquier viaje. Más, si lo hacemos en bicicleta. El lenguaje es un vehículo y el escritor es un conductor de sus propios textos. No nacemos con la habilidad de conducir ese transporte de dos ruedas, pero sí con la intención de subirnos a él para movernos. Pero tanto en la escritura como en la bicicleta, cada uno de nosotros fuimos –o somos– víctimas fáciles de las caídas, los raspones, los manubrios enterrados en el vientre, cualquier accidente que nos deja el cuerpo adolorido y el sabor a derrota, una derrota que nos quita las ganas de no volver a montar a la bici y decir: “Caramba, yo no nací para esto”. Quien esté libre de caídas –o de errores gramaticales– que tire el primer comentario. 

Sin dudarlo más decidí escribir una columna como mis clases en los talleres de narrativa: en cada uno de los artículos quiero dar al lector las ruedas guía que van en la llanta trasera de su vehículo de la escritura, para que después él –si busca escribir ficción– en mis recomendaciones halle el soporte para su propia bicicleta y así, conforme avance, llegue el momento en que se deshaga de él y comience su viaje a solas, como algunos lo hicimos durante nuestra niñez. Aquí hablaremos de las estrategias posibles que un escritor utilizó para planificar un libro, cómo nacen los personajes, qué es la prosa y cuál es su ritmo, qué función tienen los objetos en los relatos, que de pronto se convierten casi en personajes o elementos que alteran el orden de la trama. Pero sobre todo hablaremos de novelas y cuentos y, de vez en cuando, de temas no tan ajenos a la construcción literaria.

Si escribir ficción es viajar en bicicleta, el cuento es un viaje corto pero a gran velocidad en una sola pista, bosque, parque, calle o avenida; la novela, en cambio, es recorrer una ciudad en varios viajes, o un país, o un continente. Para aprender a conducir una bicicleta como los maestros, se deben leer ciertos manuales: travesías que otros aventureros han hecho con el deseo de mostrar lo que vieron y vivieron a los otros, los que no se atreven a agarrar una bicicleta o los que ya están montados en ella y quieren llegar muy lejos. 

Sin dudarlo más, le respondí a Vianett por Facebook.

Y aquí estamos, montados en la bici, dispuestos a pedalear.  

Leer en La Jornada BC.

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