miércoles, 10 de junio de 2009

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Sicarios de narcotraficantes, modelo para niños en primaria zacatecana





Esto, desgraciadamente, no es un narco-relato. Esto es una nota periodística. Una nota de La Jordnada del 7 de junio de este año me ha dejado perplejo y hasta helado. Se trata de que ahora en México, me refiero particularmente a la ciudad donde nací [Zacatecas], no sólo se tolera la inseguridad en las calles y en los centros nocturnos, ni las fugas masivas de reos, ni el gobierno obtuso de una mujer que sólo se ocupa de darle fiesta al pueblo y de llenarles los bolsillos de dinero a su séquito de corruptos seguidores y familiares, sino también se asoma una violencia llevada a cabo por niños, por alumnos de primaria de un colegio privado dentro de la misma institución. Ahora la moda en los juegos de niños es hacerse pasar por verdaderos delincuentes; simular tener el poder para castigar al otro. La nota del periódico informa que en el Colegio Villa de Guadalupe, lugar donde estudié la primaria, existe un grupo de estudiantes que aterrorizan a sus condiscípulos a la hora del receso, haciéndose pasar por los ZETAS [grupo de delincuentes que lleva años martirizando, extorsionando y transformando a Zacatecas]. Algunos alumnos del Colegio Villa de Guadalupe utilizan tácticas de sabotaje muy parecidas a las que los medios de comunicación nos informan al hablarnos del crimen organizado.


Les dejo una parte de la nota. No me queda más que decir que en México tenemos mucho que enfrentar, reordenar y hasta cambiar, si queremos que nuestro país sea más seguro, civilizado y que a las generaciones que vienen detrás de nosotros no se vean afectadas por la violencia, la corrupción y la inseguridad. Sería bueno que [esto va para los empolvados miembros que se encargan de la educación en escuelas públicas y privadas en México] informáramos a los estudiantes sobre qué es el crimen organizado, por qué existe el crimen organizado y cuáles son los intereses del crimen organizado. Si nuestros gobernantes no tienen el tesón suficiente para evitarnos la violencia y dejar de fomentarla, nosotros, los que luchamos por tener una educación más digna, tenemos un compromiso humano más grande.



Una de las pistolas de plástico decomisadas a estudiantes de la primaria Villa de Guadalupe que jugaban a ser integrantes de la banda de sicarios Los Zetas y disparaban perdigones de plástico a otros alumnos del plantel. Estos juguetes, algunos provistos de cartuchos de aire comprimido, poseen mecanismos similares a los de las armas verdaderasFoto Alfredo Valadez Rodríguez

Alfredo Valadez Rodríguez

Corresponsal

Zacatecas, Zac., 7 de junio. “Somos Los Zetas y ya estamos aquí”, fue el letrero que, al inicio del pasado ciclo escolar, los niños del Colegio Villa de Guadalupe encontraron pintado con marcador negro en los baños de su escuela.

La escuela privada, de más de 700 estudiantes, se encuentra en el municipio conurbado de Guadalupe. Aunque las pintas con mensajes y groserías son relativamente comunes en las paredes de los sanitarios, las nuevas no eran típicas: “El que no es Zeta es puto” o “Los Zetas mandan”.

Luego, la amenaza se materializó. Un grupo de 18 niños, todos de sexto grado (ninguno mayor de 12 años de edad) y del mismo grupo, iniciaron un juego: al sonar el timbre del recreo, a las 11:30 horas, todos se pertrechaban en el baño. De sus mochilas sacaban pasamontañas negros, guantes de tela y pistolas de perdigones de plástico.

Una vez disfrazados de Zetas, entraban a algunos de los salones vacíos y en los pizarrones pintaban leyendas que, al reanudarse las clases, leían todos los alumnos y las maestras con asombro: “Arriba Los Zetas, putos”. Así lo hicieron tres días seguidos.

El hecho fue narrado a La Jornada por un menor de quinto grado y uno de sexto, con el consentimiento de sus padres y la presencia de ellos. Las autoridades de la escuela confirmaron el suceso, pero se negaron a dar detalles.

Realidad y ficción

Cuando los 18 niños Zetas salían al recreo, tomaban las posiciones asignadas por su líder, al que le gustaba que le llamaran El Chapo, en alusión a Joaquín Guzmán Loera, el líder del cártel de Sinaloa que, paradójicamente, es el principal enemigo del cártel del Golfo, al que pertenecen Los Zetas.

El niño mencionado repartía los puntos de vigilancia: dos en la puerta principal del colegio, uno en el pasillo general, cuatro en las esquinas del patio principal, dos en la sala de audiovisual, cuatro en las escaleras y dos en las puertas de los baños. El resto deambulaba por el colegio. Además de sus pistolas de balines y capuchas, cuatro llevaban radios portátiles de juguete tipo walkie-talkie.

Si chocabas con ellos durante el recreo, les hablabas o les preguntabas algo te disparaban un balín y te empujaban. Donde te disparaban te quedaba rojo, relató uno de los niños.

“Te decían groserías: ‘putos’, ‘cabrones’ y todas esas cosas… Traían sus bolsitas de plástico llenas de balines rojos”, recordó otro.

Cuando la dirección del colegio se enteró, citó urgentemente a los padres de los 18 involucrados para informarles que los menores quedarían suspendidos tres días.


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