viernes, 9 de mayo de 2008

.168.

¿Leemos? ¿Qué leemos?



Sin duda alguna la actividad de la lectura en México no es nuestro fuerte. Sí hay lectores, lo han demostrado algunas encuestas y cifras publicadas en algunos periódicos. ¿Pero qué leen? Las encuestan ha apuntado desde hace cinco años a la fecha que la gente está preocupada por leer más revistas como Eres, , Vogue, El libro vaquero, Tv notas entre otras producciones de contenido poco plausible y algunas veces de baja estofa. Y pocos, aclaran los medios que dan esta información, tienen el hábito de leer libros en forma. ¿A quiénes nos referimos? A los consumidores de la superación personal y trucos para sobrevivir en una sociedad imperada por el individualismo. “Sí, tú eres el futuro del mañana, vamos, supérate, eres la pieza clave que todo el mundo espera”. Anudado a esto, en el Senado de la República, hace más de 4 años, se atrevieron a subir los impuestos de los libros que entraban a México, dando al traste con los precios bajos y perjudicando a los lectores que comprábamos dos libros por semana por tan sólo doscientos pesos. ¿Qué significa esto, servidores públicos? Si antes había fieles lectores, ahora batallamos aún más para conservarnos en pie. Hace un par de meses, el Senado quiere redimirse y aprueba La ley del precio único de libros, pero sin darse cuenta que esto llevará a una “reducción del número de librerías (…) a la reducción de la variedad de los libros presentados al público, a la reducción del número de editoriales y, finalmente, al aumento de los precios en un mercado que se haría menos competitivo, tra­yendo perjuicios para el consumidor", Fabio Sá-Earp y George Kornis dixit.

Pero no sólo esto aumenta las cifras altas de la no lectura en México.

Nuestro sistema tecnócrata de educación cada vez es más obsoleto, batalla en adaptarse a las necesidades de las nuevas generaciones de estudiantes. Mounin lo señaló en Francia años atrás. En México es un cáncer latente. Aceptémoslo, a los jóvenes cada vez les interesa más el Play Station, el Wii y las nuevas series televisivas. No estoy despotricando contra estas actividades. Yo mismo soy un fan de los videojuegos y estoy en contra de aquéllos lelos que nos emboban con sus mensajes moralinos sobre que estos medios de entretenimiento dañan al consumidor. Pero a la vez son factores que engrosan el desinterés por la lectura. Es hora de ponernos realistas. ¿A quién no le llegaron a inyectar aquellas inolvidables vacunas contra la lectura? Libros chonchos como El Quijote de la Mancha, La odisea, Los miserable, entre otros mamotretos que los alumnos sólo los llegaban a utilizar como armas de defensa personal o tabicones para que se emparejara la base de su cama. Y por esa razón preferíamos irnos al cine o tomar los controles de la consola y conectarnos con el mundo de los videojuegos. Cada vez los seres humanos nos vamos convirtiendo, como lo profetizaba Sartori, en una sociedad teledirigida. Pero stop. No soy un purista y alguien que está en contra de los medios como el Internet. Para nada. Comulgo con la idea que pone sobre la mesa de debate Alberto de Cuenca: “La Internet no es más que una sirvienta más de las humanidades”.

Los maestros de primaria, secundaria, y algunas veces en preparatoria, no siempre están capacitados para motivar a sus alumnos a que tomen un libro y descubran por si mismos que hay dentro de él. Son gente que odia la literatura, que sólo ejerce el oficio de maestro para ganar dinero y unirse a un sistema vil muy en boga en México: haces como que trabajas, los alumnos hacen como que aprenden, yo hago como que te pago. Cada vez son más las personas desfamiliarizadas con la literatura y su enseñanza las que se encargan de la educación en México. Abogados que no encontraron trabajo en algún bufete jurídico, médicos que no terminaron la carrera de medicina, psicólogos que no encontraron un buen vademécum ni pacientes para ejercer su profesión. Y con esto nuestro barco se va a pique, hasta al fondo. Kaboomp. Si estas personas para nada están familiarizadas con la literatura, menos con la manera de trasmitirla y activar el sistema sensorial de terceros motivándolos a leer un libro. Porque para contagiar el placer por la lectura se debe tener en cuenta la emotividad (esto entendido como: leer trasmite una experiencia), más que los recursos pedagógicos y académicos que sólo espantan a la gente y la orillan a no leer. Los representantes de nuestra educación aún no han entendido que para que alguien se interese por la literatura, no sólo debe comenzar con los clásicos, sino como alguna vez Sábato lo argumentó frente a Borges: “Hay que leer a los clásicos mientras leemos a los contemporáneos”. O bien: presentarle los libros y dejar que después los mismos encuentren al alumno.

Es triste, casi una daga en la costilla, escuchar a diario más jóvenes esgrimiendo comentarios como: “Leer es de ñoños”, “Leer no es nice, “Es de hueva leer”, “No tengo tiempo para hacerlo”, “Me vas a llevar a misa con todo y tus libritos, sácate, matadito”.

¿Es un síntoma generacional? ¿Un mal que tiene muchos años viviendo con nosotros? ¿Una peste creada por nuestro sistema gobierno para sumir a la sociedad en la ignorancia y la apatía?

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