miércoles, 16 de mayo de 2007

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Hace unos días, mientras me despejaba para escribir un ensayo sobre Gogol, encontré un artículo en la web que me motivó a seguir leyendo cuentos y encima de todo a la banda de escritores norteamericanos bajo esta lista que parece de abogados: Hemingway & Fitzgerald & Carver. Y otro, que si seguimos con los símiles, es el mafioso que debe ser capturado por esta barra de defensores del derecho antes de que forme una mafia de escritores jóvenes: Capote. Sus nombres dan miedo, ¿no? Con ellos se puede juagar a hacer una novela judiciaca. ¿Qué más decir? Hablemos del artículo.


El artículo es de Carver, y habla sobre la concisión de las palabras, de su economía, su capacidad de evocación y persuasión. Habla de que entre más corta, ligera y delineada sea la trama de los cuentos, más profundidad y más atención logrará capturar en el lector. Así, también, sobre cómo se debe empezar un cuento y cómo finalizarlo. En este punto, por favor, olvídense de Cortázar.


Hoy por la noche, mientras escribo una introducción para el ejercicio que me invitó a participar Parcialmente nublado sobre top 20 de cuentos, y me pregunto por qué no dejo de alabar la tradición norteamericana del cuento, en el mismo link de líneas atrás hallé la respuesta. Unos sugestionadores consejos de Hemingway sobre el cuento, que abordan puntos clave para alcanzar con rapidez la disciplina en este género, me ayudaron a clarificar más las cosas y a seguir redactando de manera tranquila mi top 20. Les dejo los detalles más abajo y por favor, no se ajuarién con cualquier cosa que parezca innovadora, que luego comienzan los problemas de identidad.








Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.
La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve.
Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como "espléndido, grande, magnífico, suntuoso".
Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas.
Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.
Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan allí. Se sienten solos afuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias...
A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos.
Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.
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