sábado, 17 de febrero de 2007

.101.



Observaciones
El Asher a quien así me iba acercando con precaución sólo debía tener un lejano parecido con el verdadero Asher, aquel con quien debería enfrentarme dentro de poco en la ciudad o en un valle.
Quizá mezclaba ya, sin darme cuenta, al Asher recuperado en mí mismo elementos del Asher descrito en otras historias por otros escritores.
Había, en suma, tres Asher, no, cuatro. El de mis entrañas, la caricatura que de él he formado, el de otros escritores y el de carne y hueso que me apuñalaría muy pronto.
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