martes, 4 de julio de 2006

.los oídos sordos del Instituto Zacatecano de Cultura.



De Zacatecas se pueden decir muchas cosas, tantas, que perdería el tiempo haciéndolo aquí. Pero si hablamos de lo cultural, de intelectuales, de artistas, de dramaturgia, de música, de literatura, de su calidad y propuesta y, lo que ahora me incumbe, del financiamiento y difusión a estas disciplinas, lo único que se puede decir es que vivo en un estado tacaño y pueblerino.
Pruebas.
Fuimos invitados al Encuentro de Escritores Jóvenes del Norte, en Monterrey, sólo dos Zacatecanos: Tryno Maldonado y su servidor. Y como los patrocinadores del Encuentro sólo cubren hospedaje y alimento (apoyo más que plausible), se dieron a la tarea de mandar una carta que justificara nuestra participación y nos ayudara para pedir patrocinio a la institución correspondiente de cada invitado. Durante la semana anterior di caminatas de oquis al Instituto de Cultura de mi ciudad para pedirles que costearan el boleto de autobús a Monterrey. Mis intenciones fallaron: nunca encontré en su oficina a la encargada de tesorería. A una de sus compañeras de trabajo, no sé si la segunda al mando, le dejé la carta que mencioné líneas atrás. Después de darme acuse de recibido y decirme que arreglaría la situación a más tardar el viernes, el viernes a primera hora fui de nueva cuenta y me topé con la noticia de que no se había presentado a trabajar la señora tesorera.
Hablé a medio día para evitar otra caminata hasta el edificio que se encuentra en la cumbre de un cerro. Al tramitarse la llamada y contestarme una mujer, le pregunté si era ella la encargada de tesorería. Respondió que sí y le informé en qué consistía el apoyo que les estaba mendingando y me mandó, de manera amable y diplomática, a la chingada: ¿Usted qué va a hacer allá? ¿Seguro es escritor? ¿No será falsa la carta que me dejó y quiere el dinero para otra cosa? A nosotros no nos ha llegado ningún aviso de que habrá tal encuentro en Monterrey.
Al invitarla a leer con detenimiento y atención la carta y sugerirle que revisara el endose, quién la firmaba o revisara la página web que anuncia el Encuentro para aclarar sus dudas, me respondió con una evasiva aún más sórdida: Mire, Joven, en realidad no he leído la carta y no tengo tiempo de leer lo que usted me pide en Internet. De todas maneras le adelanto que por esta vez no lo podremos ayudar.
Razones.
El Festival Cultural celebrado en marzo los hizo quedarse sin presupuesto. Primero estaban sus prioridades: días atrás mandaron algunos artistas a Trancoso y a los Conos de Santa Mónica para nutrir su visión tradicionalista sobre la pintura, y por el momento estaban pagando el sueldo de maestros que imparten talleres de narrativa, ensayo y pintura. Al terminar sus explicaciones le di las gracias de la misma manera que ella me informó lo anterior. Agregué que no esperaba tanta tacañería, desinformación y falta de seriedad por parte de ese lugar.
Sus excusas me parecieron inverosímiles.
Hace tres meses que pasó el fofo festival cultural, es casi una broma decir que gastaron todo el presupuesto en traer al Piporro y a otros grupos musicales que sólo conmovieron por su futilidad. Pero no toda la culpa la lleva la señora tesorera. Si bien, en el sexenio de Monreal se puso como director del Instituto de Cultura a un veterinario que nada tiene que ver con esto; de seguro pensaron que la organización y administración de los asuntos culturales en esta ciudad era como alimentar y vender ganado. Y aún en estos años, Amalia (la gran señora gobernadora por parte del PRD) no cambió de puesto al gran médico y se sigue desviando el dinero de los ciudadanos destinado al soporte cultural.
Que no les alarmen mis juicios.
En Zacatecas si se apoya a todos los movimientos culturales y artísticos. Sí, pero sólo a los pintores baladíes que se dan sus aires de abstractos dibujando galletas de animalitos, y a los actorcillos pedorros de teatro. Apoyar a la literatura en Zacatecas es apoyar a los cuenta cuentos que se ponen en la Alameda para divertir como payasos al público. Es apoyar a los pokepoetas de bolsillo que hacen lecturas todos los domingos en salas públicas al ritmo de la música entonada por la banda del estado. Se les da apoyo, cómo olvidarlo, a los hijos yuppis de los funcionarios del mismo Instituto cuando quieren sacar su primer disco con influencias RBD que provoca nauseas al escucharlo (el vocalista canta como si tuviera un supositorio en el culo). Ah… y ¡qué decir de la Agenda Cultural que brilla mes con mes por sus temas pasados de moda (cuando nos dice qué leer, qué música escuchar y qué tipo de cine es recomendable)! Es tan endeble y repetitiva que los eventos semanales que anuncia se han convertido en mero cliché para el espectador.
De esta manera, desde el Bunker 84, le agradezco su atención al Instituto Zacatecano de cultura. No queda más que celebrar su chouvinismo pueblerino, su exigua visión sobre el apoyo a la producción artística y literaria. Les mando un sonoro aplauso, muy pero muy sonoro, porque siguen pensando que sólo se debe promover lo que se encuentra en el ombligo de su rancho. ¡Bravo! ¡Bravo!
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