martes, 17 de junio de 2014

642 things to write about [642 cosas sobre las cuales escribir]




Hace una semana mi cuñado regresó de Europa y me trajo este cuaderno de Inglaterra, como recordatorio de uno de los tantos proyectos literarios que tengo en mente escribir pronto. La idea, que ya me ganó The San Francisco Writer’s Grotto, pero en inglés, se trata de un dinámico mamotreto de más de 400 páginas, integrado por ejercicios narrativos para escritores principiantes. Ellos te invitan a escribir ciertos pasajes claves de tu vida, no sólo para reflexionar sobre la misma, sino para también hacerlo sobre la escritura y sus modos de abordar los recuerdos del usuario para convertirlos en ficción.

El cuaderno, cuyos ejercicios abarcan desde el post de Facebook, los momentos hermosos y poco  hermosos (como la primera vez que besaste a una persona o lo más embarazoso que has vivido), hasta el describa su día perfecto o escriba una escena que comienza: era la primera vez que maté a un hombre [Write a scene that begins: it was the first time i killed a man], me recordó las veces que he impartido talleres literarios a adolescentes y cuando di aquel curso de redacción a policías, dentro del Informe Policial Homologado [IPH].

Entonces los objetivos del taller con adolescentes era motivarlos y enseñarlos a crear cuentos desde sus experiencias y su capital literario, porque  se les complicaba empezar una historia y no reconocían qué elementos de la realidad debían pasar a la ficción. Sobre eso, me gustaba retomar los inicios de algunos de los poemas o cuentos que más me han gustado en mi vida como lector, como modelos de premisa, para que posteriormente el alumno se apropie de ellos, los tergiverse y comience su historia. Algo así como una guía. Al final, se descubre que todo en la literatura está dicho, sí, pero que también uno tiene algo que contar con el apoyo de una frase ya escrita por uno de los maestros de la escritura y los recuerdos. 

Con los elementos de la municipal, en su mayoría hombres, los objetivos eran distintos. A todos les encargan en los juzgado, luego de haber asegurado a un presunto delincuente o haber frenado algún robo y haber capturado a los hampones, un reporte o parte informativo donde deben exponer las razones claras de por qué lo aseguraron, cómo, dónde y quiénes son los involucrados. Una historia enorme. A ellos les pedía en los talleres que me narraran recuerdos claves como policías [balaceras, persecuciones, desmantelamiento de casas de seguridad]  para que se familiarizaran con la escritura y con el narrar ciertos hechos cronológicamente.

En el prólogo del libro Po Bronson dice “You could use these 642 things literally, by picking an exercise and completing it. Or you can just let them wash over you to stir up you creativity, to remind you that no, not everything has been written, not every good idea is already taken by someone else. There are an infinite number of things one could write about and so many fresh directions for your story to go”.   

Esto nos invita a pensar que tanto en la literatura como en la vida existen un número infinito de recuerdos, de elementos que podemos usar para escribir nuestras propias historias, sólo hay que saber encontrarlas y usarlas como batería para encender la lámpara del imaginario y así andar nuestro propio camino.
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