martes, 21 de agosto de 2007

.145.







Estos últimos días he estado releyendo a uno de los escritores más talentosos de México y con el que se puede contar cuando uno se siente perdido en su círculo de lecturas y no sabe con quién correr. Hipotermia, libro de cuentos de Álvaro Enrigue (1969), tiene un cuento, perfectamente estructurado y ilustrativo, donde podemos hallar la poética del autor ejemplificada con la historia sobre Ishi, un indio yaqui de Oroville, último de su especie y digno de habitar un museo aunque haya traicionado a su tribu. No me gustaría regalarles la trama. Prefiero invitarlos a que acudan a este compendio de cuentos y en especial al cuento que menciono: “La muerte del autor”. En él se hallan varias explicaciones sobre la literalidad dentro de un cuento, que significa, a palabras de Enrigue: “quiere decir lo que quiere decir y no lo que yo quiero que diga”. Una suerte de inferencias que muestra todo buen cuento a un lector y que va en contra de toda explicación sobrante y descolocada dentro de cualquier cuento. Les dejo un par de frases que extraje de esta pieza:

00: “elaborar metáforas de una historia que significa por sí misma es como amar el amor: por intensillo que parezca al principio, siempre acaba mal.” (129)
01: “tanta literalidad puede acabar siendo nociva, aunque no sé para qué.” (p. 130)
02: “leer un cuento, o un pedazo de novela en público es casi siempre una lección sobre por qué no hay que ser escritor si a lo que se aspira es a la fama.” (p. 130)
03: “hay una historia, ésa sí muy buena, que cuenta Bernardo Atxaga. Dice que un día, caminando por un pueblo de su región natal en el País Vasco, se encontró de pronto junto a una puerta con un agujero y un viejo. Hablaron un poco y al final el viejo le preguntó que si sabía por qué había un hoyo en la puerta. Será para el gato, dice Atxaga que respondió. No, le dijo el hombre, lo hicieron hace años, para darle de comer al niño que se convirtió en perro después de que lo mordió un perro.” (p. 134-135)
04: “los cuento que me gustan, los que me vuelven loco de ganas y envidia de escribir así, tienen la lógica deslumbrante del viejo vasco: les falta un pedazo y esa falta los transforma en una mitología, apelan al mínimo común denominador que nos hace a todos más o menos iguales.” (p. 135)
05: “a veces escribir es un trabajo: trazar oblicuamente el camino de ciertas ideas que nos parece indispensable poner en la mesa.” (p. 137)
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