lunes, 3 de abril de 2006

.los que se aferran a defender lo inexistente/sobre la tradición literaria en Zacatoluca de las Tunas.


En la primer entrega del bUNKER los lectores descubrieron que escurría, en cierta medida, algo de enojo en algunos de los textos porque hablé sobre la censura que sufrí cuando tenía mi columna en el Sol de Zacatecas hace pocos meses. Hoy, en cambio, el enojo se ha convertido en una mueca, después en una risotada y creo, mientras escribo esto, en un resbalón que me ayudó a descubrir qué tipo de intelectuales mafufos viven en mi ciudad (o los que se hacen pasar por ello) y qué tipo de problemas provocan cuando alguien les señala de qué pata cojean. Me he dado cuenta también que el escritor se hace en la individualidad, no en grupos. Los pocos escritores que han sobresalido en esta ciudad (y los tomo con respeto) lo hicieron demarcándose de todo, algunos se auto-exiliaron. Mientras sigo con mi vida, leo lo que me gusta y publico de vez en cuando algunos post en mi blog, la gente de Zacatoluca de las Tunas sigue parloteando el mismo tema en cualquier eventillo cultural: “¿Cómo demonios no hay tradición literaria en nuestra muy noble ciudad ¿Cómo diantres esos insignificantes escritorzuelos de lápiz gordo se atreven a decir que no hay literatura?” Y otros, que se mofan de historiadores y críticos, siguen publicando artículos, en el mismo Sol de Zacatecas, que intentan demostrar, apoyándose en mamotretos literarios obsoletos que su magna escuela los somete a leer, que sí, en efecto, sí hay una gran pero gran tradición literaria en Zacatoluca de las Tunas, y que yo, junto con la gente que se ha animado a decir lo contrario, no tenemos la capacidad para verlo así.
Qué risa.
Qué susceptibles.
Todo eso se ha olvidado.
Todo.
Pero que dañen las viviendas de mis amigos y sigan los correos incendiarios es una ofensa demasiado personal. Hoy por la mañana, mientras revisaba la columna del buen Tryno Maldonado en L o s N o v e l e s, leí algo que me pareció intolerante. Pero después me causó risa, risa hasta que me dolió el estómago. La literatura ha tomado tintes terroristas, demasiado terroristas. Sólo falta que en esta ciudad, donde todo el mundo dice que no sucede nada, comiencen los secuestros de escritores.
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